La política de tipo de descuento y las "reglas del juego"

La política del tipo de descuento no tenía el mismo alcance en todos los países y no obedecía siempre a las “reglas del juego”. Aquí también, el Reino Unido gozaba de una neta superioridad ligada a la estructura del mercado internacional de Londres. En 1913, Keynes explicó en su obra sobre la moneda india que la política monetaria británica era mucho más eficaz que la política monetaria de cualquier otro país. La elevación del tipo de descuento del Banco de Inglaterra, a raíz de una pérdida de oro, tendía a restablecer rápidamente el equilibrio exterior sin que fuese necesario esperar los efectos de ajuste a través de los precios y los costes, previstos en la teoría clásica. De una parte, debido al aumento del precio del dinero, los extranjeros tendían a reducir sus peticiones de préstamos y, de otra parte, las casas de descuento tenían que limitar sus operaciones para evitar quedarse cortas de liquidez. Para Gran Bretaña se trataba mucho más de prestar menos al extranjero que de tomar capitales extranjeros a préstamo. En épocas de dificultad, es más fácil prestar menos que tomar prestado más y, por ello, un aumento del tipo de interés no podía tener un efecto tan rápido y profundo en los países deudores netos como en los países acreedores. Y aún hacía falta que estos países deudores tuviesen una organización bancaria suficientemente desarrollada para que fuese posible una política monetaria.

Gran Bretaña no solamente podía remediar muy rápidamente sus propios desequilibrios, sino que, además, este mecanismo privilegiado, por lo asimétrico, actuaba en perjuicio de los países de la periferia productores de materias primas. El aumento en Londres del tipo de interés, al reducir la actividad económica y eventualmente causar una baja de precios, podría incitar a los poseedores de materias primas y de productos agrícolas a liquidar una parte de sus existencias. Es bien sabido que los precios de los productos primarios fluctúan mucho más rápidamente y con una mayor dispersión que los precios de los productos manufacturados. Una política monetaria restrictiva decidida por el Banco de Inglaterra llevaba, pues, a una mejora de la relación real de intercambio de Gran Bretaña al disminuir mucho más los precios de los productos importados que los precios de los productos exportados. Los países menos desarrollados, financieramente deudores y productores de materias primas, eran los que soportaban las consecuencias de la política de reequilibrio exterior del país económicamente dominante. 

A consecuencia del empeoramiento de su relación real de intercambio, podían pasar del equilibrio al déficit exterior, o bien ver aumentar este déficit en un momento en que era cada vez más difícil obtener nuevos capitales británicos.” El reequilibrio “automático” debido a las maravillas del para los países industrializados y los mejor equipados en infraestructura financiera y bancaria. Recordemos, por último, que los principales países industriales generalmente no siguieron las “reglas del juego”. En su estudio sobre La política monetaria en régimen de patrón oro (1880-1914), Arthur Bloomfield ha llegado a las mismas conclusiones que Nurkse, que estudió el período 1922-1938: durante las dos últimas décadas del siglo xix y durante el período de entreguerras, las “reglas del juego” no fueron observadas. De haberlo sido, las reservas de liquidez internacional de los bancos centrales: oro, plata y divisas extranjeras, deberían haber evolucionado en el mismo sentido que sus activos nacionales (letras descontadas, créditos, títulos). 

Se ha comprobado, además, que de 1844 a 1900, el Banco de Inglaterra modificó 400 veces su tipo de descuento, mientras que el Banco de Francia solamente lo modifica 111 veces, y el Reichsbank 116.23 Hacían falta, por tanto, otros medios para no intervenir, y se ha subrayado a menudo que la importancia de las reservas de oro del Banco de Francia. El informe Cunliffe erigió, pues, a principio, lo que había constituido la excepción. Los autores de este informe, como algunos clásicos, cometieron el error de dar validez universal a unos mecanismos que finalmente no se habían empleado más que en la economía dominante del siglo xix. La teoría tradicional ha dejado siempre de lado el importantísimo papel de los movimientos de capitales en los mecanismos de ajuste de las balanzas de pagos. La financiación de los intercambios exteriores a través de las instituciones londinenses evitó seguramente la puesta en acción demasiado rápida de medidas tendentes a corregir un desequilibrio que el simple empleo del oro, en ausencia de todo sistema de crédito internacional, no habría dejado de provocar. Las operaciones de aceptación y de descuento efectuadas en Londres representaban una masa de créditos a corto plazo que evitaban, en presencia de déficits no duraderos, la necesidad inmediata de una transferencia de oro. La flexibilidad del funcionamiento del patrón oro era debida, en parte, a la capacidad de creación de créditos a corto plazo de la plaza de Londres.

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