Las condiciones del fracaso

El abandono del patrón oro por Gran Bretaña en septiembre del 1931 Tras el crac de la Bolsa de Nueva York, en 1929, la depresión se extendió rápidamente sin que Gran Bretaña pudiese escapar a su avance. Los precios al por mayor disminuyeron en un 25% entre 1929 y 1931 mientras que el paro, que representaba el 10,3% en octubre de 1929, alcanzaba la cifra del 18,5% en octubre de 1930 y del 22,4% en septiembre de 1931.La balanza de pagos corrientes acusaba un excedente de 103 millones de libras en 1929, de 28 millones de libras en 1930 y un déficit de 104 millones de libras en 1931. En el espacio de un año, de 1929 a 1931, las exportaciones disminuyeron en un 46% en valor y en un 33% en volumen. El déficit de la balanza comercial aumentó en 27 millones de libras. De todos modos, las relaciones reales de intercambio mejoraron, puesto que los precios de los productos importados disminuyeron más que los precios de las exportaciones. El gobierno británico vio disminuir sus ingresos fiscales en el momento en que sus gastos aumentaban debido al pago de indemnizaciones por paro, lo que agravó el desequilibrio de la hacienda pública. De todos modos, el Banco de Inglaterra había reducido su tipo de descuento hasta el 2 1/2% en mayo de 1931, cuando las reservas de oro no eran más que de 148 millones de libras: nuevo ejemplo de incompatibilidad entre el equilibrio interior y el equilibrio exterior. La falta de confianza en la libra y la consiguiente huida de ella fue en gran medida la consecuencia de estas dificultades nacidas de la depresión.

Austria y Alemania tampoco escaparon a la depresión, y algunas ruidosas quiebras no hicieron sino aumentar las dificultades financieras de Londres. El Crédito Anstalt austríaco había hecho conocer sus dificultades en marzo de 1931 y había recibido un préstamo de 5 millones de libras del Banco de Inglaterra. A pesar de esta ayuda la quiebra se produjo en mayo de 1931.El 19 de junio hubo un pánico financiero en Berlín, y el 20 de junio el presidente Hoover propuso una moratoria de un año sobre todas las deudas intergubernamentales y las reparaciones, lo que causó un cierto descontento en Francia. A pesar de todo, el acuerdo se firmó el 4 de julio y se acordó conceder un crédito de 100 millones de dólares por 15 días al Reichsbank a través del Banco de Pagos internacionales. Esto no evitó las catástrofes. La quiebra de algunas empresas industriales, como la de la Nordwall, una de las grandes empresas textiles alemanas, no hizo sino aumentar las dificultades de los bancos alemanes. Todos los bancos alemanes cerraron sus ventanillas el 15 de julio de 1931 quedando bloqueados activos británicos a corto plazo por valor de 70 millones de libras. Esta situación no era la más propicia para devolver la confianza a los propietarios de libras, que cada vez deseaban más convertir sus activos en oro. En una época de incertidumbre monetaria, el oro se convierte en un valor seguro. Sin embargo, Francia y los Estados Unidos concedieron un préstamo de 130 millones de libras al Banco de Inglaterra. Los conflictos no excluían toda cooperación.

Ciertas casas de la City habían sido duramente afectadas por la quiebra alemana, y si se evitaron las quiebras en cadena fue sólo gracias a la solidaridad de los bancos, sostenidos por el Banco de Inglaterra. Tampoco un motivo para consolidar la confianza. Se puede incluso afirmar confianza. Del 15 al 29 de julio el Banco de Inglaterra perdió 32 millones de libras. El tipo de descuento se aumentó del 2 1/2, a 3 1/a y luego al 4 1/2% el 30 de julio. A pesar de los nuevos eruditos concedidos por Francia y los Estados Unidos, Gran Bretaña abandona el patrón oro el 2 de septiembre de 1931: de este modo acababa el Gold Exchange Standard. Se estableció para la libra un tipo de cambio fluctuante que causó inmediatamente una baja. El punto más bajo se alcanzó a finales de 1932 cuando la libra fue valorada a 3,276 5. Esta inestabilidad de los cambios se convertía en una nueva causa de abandono de las divisas como reservas de liquidez internacional, puesto que la baja del tipo de cambio de la divisa clave conducía a una pérdida. Durante los años 1931 y 1932 las existencias de oro para fines monetarios del Reino Unido disminuyeron en 135 millones de dólares, pasando de 718 a 583 millones. Las reservas de oro de los Estados Unidos bajaron también en 180 millones de dólares (de 4.225 a 4.045 millones). Los dos países con divisas claves perdieron, por tanto.315 millones de dólares de metal amarillo, mientras que seis países “acreedores” (Francia, Bélgica, Italia, Países Bajos, Suecia y Suiza) experimenta-ron un aumento de 1.929 millones de dólares. Estos países “acreedores “eran los que habían acumulado divisas convertibles. Los otros países “deudores” (Nurkse considera 18) perdieron a la vez divisas y oro. Hay que recordar aquí que, entre 1920 y 1930, Nueva York y Londres habían concedido créditos a corto plazo a un gran número de países. Las reservas de dólares y de libras de estos países representaban, pues, una deuda frente a los centros de oro que exigieron el reembolso después de 1930(no todos los países habían quebrado, como Alemania). 

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