La implantación de una política de este tipo no es fácil en una economía de mercado incluso existiendo una verdadera voluntad política de realizarla. Debemos también tener en cuenta las dificultades con las que se enfrenta actualmente el plan francés, cuyos objetivos a menudo deben abandonarse en favor de la política de estabilización y de ciertos imperativos de la competencia extranjera y de la integración europea. Cuando el capitalismo anda relativamente bien y los riesgos de crisis graves se alejan, el gobierno y los economistas tienen tendencia a olvidar los beneficios de una investigación permanente de los medios de saneamiento y de control de la economía nacional. La idea de estabilidad monetaria acaba por pasar por delante de la idea, mucho más compleja es cierto, de crecimiento con vistas a un mayor progreso. Este conflicto no es nuevo y la tentación de repetir periódicamente la experiencia Poincar está lejos de desaparecer. Reconozcamos que las contradicciones entre el crecimiento y el equilibrio no son nuevas puesto que tienen su punto de partida en los mecanismos económicos más fundamentales. La evolución coyuntural desde 1950 nos da unos vivos ejemplos.
El crecimiento y la inflación
En cuanto se aborda la historia del crecimiento y de la evolución coyuntural de Francia desde 1950, hay que señalar dos hechos evidentes: por una parte, la revolución “económica” empezó inmediatamente después de la guerra, para continuar, en un crecimiento continuo, hasta la actualidad; por otra parte, la mayor dificultad consistió en la inflación.
El ritmo de crecimiento
Hemos señalado, desde el comienzo de este capítulo y en el precedente. El éxito del crecimiento económico de Francia desde 1950. Un examen de las cifras del cuadro IX revela la amplitud de los movimientos anuales del producto nacional interior y de la producción industrial. En 1950-1951, la guerra de Corea reanimó vivamente la actividad económica en el mundo entero a raíz de los esfuerzos de rearme y del aumento de las compras de materias primas. En 1951, la producción industrial aumentó en un 12,5%, tasa jamás igualada después de esta fecha. Es normal que las tasas de 1947 y 1948 fueron todavía mayores que la de 1951, ya que se partía de un nivel muy bajo. El mismo fenómeno se produjo en Alemania con una tasa espectacular del 48% en 1949. Sin embargo, estas tasas no son significativas, ya que solamente son posibles en períodos de reconstrucción cuando se arranca una economía hundida y parcialmente paralizada por la guerra.
En 1952 y 1953, la primera recesión reduce sensiblemente las tasas de crecimiento y la producción industrial casi se estanca con un aumento del 1,1% en 1952 y del 1% en 1953. La curva permanece pues ligeramente ascendente.

Entramos a continuación en una larga etapa de prosperidad que va a durar cuatro años, de 1954 a 1957. La recuperación empezó a manifestarse a finales de 1953 y se vio facilitada por las medidas de ayuda a la exportación, el aumento de los salarios horarios y la mejora de las rentas agrícolas a raíz de las buenas cosechas de 1953. Nunca la producción industrial francesa había aumentado tan rápidamente durante un período tan largo. A lo largo de los cuatro años considerados la tasa media de crecimiento anual fue del orden del 10%. Las tasas alemanas son inferiores a las francesas de 1956 y 1957.Todos los sectores industriales participaron del auge de los años 1954-1957 pero en distintos grados. Entre los más favorecidos encontramos las industrias químicas, del automóvil, del aluminio, aeronáutica, de la construcción y eléctrica. La producción de turismos que era de 370.000 unidades en 1952 alcanzó las 648.500 en 1956.
En 1958-1959 se entra en una nueva recesión que, a nivel global, no es más que una desaceleración de la expansión. El año 1960 hace dar un nuevo salto adelante al producto interior bruto (8%) y a la producción industrial (11,4%). A partir de esta fecha, el crecimiento prosigue, pero con un ligero asentamiento en el aumento de la producción industrial. El mismo fenómeno se manifiesta en Alemania y en otros países industriales. Éstos son los resultados globales de la historia económica de Francia desde 1950. No parece que, en ningún momento, haya existido solución de continuidad. Pero este rápido repaso no nos dice nada sobre las causas profundas de los movimientos coyunturales y, en particular, sobre los mecanismos y las consecuencias de la inflación que ahora nos falta examinar. El segundo plan 1954-1957 no tuvo los mismos objetivos que el primero puesto que se había culminado la reconstrucción. Él horizonte temporal es en adelante de cuatro años, y el desarrollo de la contabilidad nacional permite tratar con más exactitud los problemas de coherencia. Se busca ante todo “armonizar el crecimiento”, es decir, obtener una expansión máxima compatible con el equilibrio interior y exterior.
