Los desequilibrios inflacionistas

Desde hace varios años se ha hablado mucho en los países occidentales y, en particular, en la O. C. D. E. de las condiciones para “una expansión sana” o de un “crecimiento equilibrado”. Varios países, entre los que se cuentan a Francia y a Gran Bretaña, que no se han beneficiado, contrariamente a Alemania, de un aumento de mano de obra, han sufrido importantes presiones inflacionistas desde el momento en que su ritmo de crecimiento ha superado un cierto techo. Por diversas razones, la demanda ha aumentado más rápidamente que la oferta global y ha presionado sobre los precios. Una vez alcanzado el nivel de pleno empleo, ya no ha sido posible aumentar a corto plazo el volumen de producción. Hay que esperar a que el aumento de la productividad surta sus efectos, pero la demanda, alimentada por el aumento de los ingresos y el crédito, se anticipa constantemente sobre la capacidad de producción. Hemos descrito el encadenamiento en espiral que podía producirse en los precios y costes: la economía francesa ha sufrido varias veces este proceso, que ha sido consecuencia de un crecimiento demasiado rápido causante de un aumento de los precios y de un desequilibrio de los pagos exteriores. El cuadro siguiente presenta las principales fases de la coyuntura entre 1950 y 1965. Sabemos la importancia que en ciertos medios se concede a la diferenciación de los resultados de la actividad económica de antes de 1958 y de después del advenimiento de la V República. ¿Qué nos muestra a este respecto una observación imparcial de los acontecimientos y de las cifras? La recesión de 1958-1959 se halla enmarcada por dos períodos de cuatro años aproximadamente simétricos, compuestos cada uno por dos años de expansión equilibrada (1954-1955 y 1960-1961) y por dos años de expansión inflacionista (1956-1957 y 1962-1963). Es verdad que simplificamos un poco en lo que respecta a la división del período más reciente. Sin embargo, el alza global de precios, que fue del 4,7% y del 5,6% en 1956 y 1957, es del mismo orden que el alza de precios de los años 1962(4%) y 1963 (5%). En septiembre de 1963 el gobierno francés pone en práctica su Plan de Estabilización tendente a frenar el alza de precios y a eliminar la inflación.

La política de rentas

“La política de rentas debe y éste es uno de los aspectos más difíciles de lograr intentar conseguir un equilibrio justo entre las exigencias propias de cada categoría y las de la colectividad considerada en su conjunto. Debemos admitir actualmente que, en una economía interdependiente, una empresa no tiene solamente responsabilidades con respecto a sus asalariados y a sus accionistas. Las tiene también con respecto a los consumidores y, en un sentido más amplio, con el conjunto de la economía… Incluso se puede pensar que, en una sociedad solidaria, el avance medio de la economía debe tener un mayor peso que el avance de la empresa. De este modo, si su productividad aumenta más rápidamente que la media, una actividad puede dar una mayor remuneración a sus propios factores de producción, pero a condición de disminuir simultáneamente y en proporción sus precios. Inversamente, si todo el mundo acepta el juego, una empresa que tenga pequeños aumentos de productividad puede aumentar moderadamente sus precios sin arrastrar a la economía a la inflación. Esta concepción deja subsistir, tal como es equitativo y necesario hacerlo en una sociedad dinámica, una prima al esfuerzo de productividad; pero al mismo tiempo consagra la solidaridad de las distintas actividades”. El informe Massé hecha aquí las bases de una economía de solidaridad que parece muy alejada de la economía de mercado tradicional. Exige, en efecto, una intervención del Estado y una colaboración entre los sindicatos, las empresas y el gobierno a una escala jamás alcanzada.

Antes de iniciar esta difícil política de rentas, el gobierno ha elaborado y puesto en práctica, en septiembre de 1963, un “Plan de Estabilización” “: política de contracción del crédito con una acción selectiva; reducción de los gastos públicos; control de precios; reducción de los derechos arancelarios sobre ciertos productos industriales para aumentar la competencia extranjera, éstas son las disposiciones principales de este “plan” que permanece desde entonces en vigor. Este plan ha alcanzado, de manera incontestable, el objetivo de estabilidad que se proponía; la demanda privada tanto de inversión como de consumo parece haber encontrado un techo en la mayoría de los sectores. Por el contrario, los intercambios con el exterior parecen consolidar su recuperación, mientras que la estabilidad de precios y la desaceleración del crecimiento continúan.”

Conviene también señalar que la política deflacionista que consiste en frenar, por distintos medios, el consumo y la inversión, cuando la inflación no se debe a un exceso de demanda, corre el riesgo de arrastrar a la economía hacia una recesión. Las causas de la inflación son múltiples y las que acabamos de describir se deben primordialmente a las estructuras económicas, institucionales y mentales. Sólo mediante una acción a largo plazo sobre estas estructuras se podrán eliminar las causas persistentes de la inflación. El Plan de Estabilización ha mencionado claramente la necesidad de alentar la concentración de las empresas comerciales, pero con esto no se va muy lejos. La reforma de los circuitos de distribución supone una voluntad política firme y duradera puesto que las fortalezas que hay que destruir son muy sólidas. La actividad de numerosos intermediarios debería desaparecer, pero diciéndolo no se gana una gran popularidad y aún menos deseándolo en nombre del interés nacional. Si el aumento de los salarios engendra tensiones inflacionistas, únicamente una amplísima política de rentas podría preparar su solución. El bloqueo de salarios aislado adquiere siempre, a los ojos de los sindicatos, la forma de una provocación. El informe sobre “los obstáculos a la expansión económica “llamado informe Rueff Armand estableció un rápido balance de las causas fundamentales de desequilibrio y de freno al desarrollo. En el “inventario de obstáculos” se trata de los defectos del aparato de distribución; de las organizaciones profesionales; de la inadaptación de la administración pública; de la fuerza de los grupos de interés; etc. Publicado en 1960, este informe Rueff Armand no parece haber inspirado demasiadas iniciativas. Sin embargo, a las causas estructurales de la inflación hay que aplicar los medios de acción susceptibles de eliminarlas y no una política tradicional de contracción monetaria y de equilibrio presupuestario. A la inflación de hiper empleo de la inmediata posguerra podría muy bien haberle sucedido una inflación de precios sin exceso de demanda y, en el límite, compatible con formas avanzadas de recesión.

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