Normalmente se formulan dos opiniones a propósito de la liquidez internacional:
1.° Su estructura está desequilibrada al ser insuficiente la producción de oro para fines monetarios;
2.° Su volumen es demasiado pequeño en relación a las necesidades de financiación del comercio mundial. En la declaración ministerial del grupo de los Diez, con fecha de 1. ° de agosto de 1964, que anunciaba la creación de la Comisión Ossola encargada de estudiar la creación de instrumentos de reserva “se puede leer”:
Jacques Rueff ha criticado duramente este punto de vista en un artículo que Le Monde publicó el 24 de septiembre de 1965 con el título: “Planes de irrigación durante el diluvio”. Rueff estima que existen demasiados medios de pago y de reserva internacional, al menos bajo la forma de divisas. Refiriéndose al informe de la Comisión Ossola. El problema para estos países, en los que la inflación continúa amenazadora, no es la creación sino la neutralización de los excesos de moneda que el déficit de la balanza de pagos de los Estados Unidos ha distribuido generosamente por el mundo”.
Rueff alude a las consecuencias de los movimientos de la balanza de pagos sobre la masa monetaria de los países afectados: Las entradas de divisas y de oro son, en efecto, inflacionistas en los países con excedente, ya que los que adquieren estas divisas las venden a los bancos que le dan a cambio moneda nacional. Con ello aumenta la liquidez del sistema bancario y, por tanto, su capacidad de préstamo. Si bien este análisis es exacto, su alcance no deja de ser por ello menos limitado. La entrada de divisas extranjeras no basta para crear presiones inflacionistas:
1.° La política monetaria y la política económica del país en cuestión pueden compensar el efecto de las entradas de divisas y de oro sobre la masa monetaria interna;
2.° Alemania federal, que ha acumulado el mayor excedente de reservas monetarias, no parece haber sufrido la mayor inflación, mientras que Francia, país deficitario, que ha agotado una gran parte de sus reservas en divisas, ha conocido una presión inflacionista muy fuerte en 1957 y 1958. Añadamos también que la Francia excedentaria de los años 1964-1965 ha sabido aliar el estancamiento a una balanza de pagos acreedora y a importantes entradas de divisas y de oro. La objeción de Rueff continúa siendo relativamente teórica.
Hacemos lo que nos dicen las estadísticas de liquidez internacional: entre 1952 y 1964 las reservas mundiales de oro y de divisas aumentaron en un 38%; pero mientras que las divisas aumentaban en un 78% las reservas de oro tuvieron solamente un crecimiento del 20%. El oro representaba, en 1952, el 68 % de las reservas totales, frente a un 59% en 1964. El aumento de las reservas de divisas es de 12.296 millones de dólares y corresponde aproximadamente al crecimiento de la deuda exterior a corto plazo de los Estados Unidos. Durante este mismo período de 1952-1964, las reservas de oro aumentaron solamente en 6.925 millones de dólares.
Los cuadros IV y V nos permiten ver la diferencia entre los países industrializados y los países pobres. No solamente todo el oro suplementario ha ido a parar a los países ricos, sino que además los países pobres han perdido 183 millones de metal amarillo entre 1952 y 1964, y 1.340millones de divisas. De 1952 a 1964 el valor de las importaciones de los países no industrializados ha aumentado en un 41,5%. Durante el mismo período las importaciones de los países industrializados han crecido en un 125% y sus reservas de oro y de divisas en un 54%. Las importaciones han aumentado mucho más rápidamente que las reservas de oro. Se ha evitado pues una cierta escasez de medios de pago internacionales gracias a la oferta de dólares, es decir, al desequilibrio exterior de los Estados Unidos. Rueff es más propio (con las reservas que hemos hecho) de la cantidad interior de dinero de los países con excedente que del volumen de medios de pago internacionales. El Fondo Monetario Internacional ha señalado en un informe dedicado al problema de la liquidez internacional, que la abundancia de instrumentos monetarios no bastaba para promover la expansión del comercio. En 1938, sólo las existencias mundiales de oro representaban el 110% del valor total de las importaciones frente al 33% en 1961, pero el volumen del comercio internacional no era mayor en 1938 que en 1928. Esto no significa que se pueda prescindir impunemente de un sistema de crédito internacional ya que de ser el oro el único medio de pago internacional, el comercio mundial se vería extraordinariamente frenado. Éstos son, a grandes rasgos, los datos esenciales del problema de la liquidez internacional. Todos los autores están de acuerdo en estimar que la situación actual no puede durar indefinidamente. El déficit americano es aún más inquietante por el hecho de su duración y porque no se ve la manera de reducirlo. La diferencia entre la deuda exterior a corto plazo y las reservas de oro va aumentando progresivamente.
