A pesar de la ausencia de datos muy precisos, se sabe que una parte importante de las divisas acumuladas por Francia entre 1926 y 1928 eran libras. Fue pues, en parte, el oro del Banco de Inglaterra el que vino a aumentar las reservas del Banco de Francia. El diálogo no fue siempre fácil, ya que los británicos no tenían el menor reparo en afirmar que el franco estaba subvalorado y, por su parte, ciertos medios franceses denuncian el imperialismo de las finanzas inglesas.
Emile Moreau, que fue gobernador del Banco de Francia de junio de 1926 a septiembre de 1930, nos ha legado unos recuerdos rebosantes de enseñanzas. Refiriéndose a una entrevista sostenida con el presidente del Consejo escribe: “He tenido una importante conversación con Poincaré sobre la cuestión del imperialismo del Banco de Inglaterra. El juego consiste en encaminar hacia el Comité de Ginebra, que los ingleses controlan, todos los países con dificultades monetarias. Los remedios aplicados comportan siempre la instalación en el Banco de Emisión de un inspector extranjero inglés o designado por el Banco de Inglaterra y el depósito de una parte de las reservas del Banco de Emisión en el Banco de Inglaterra, lo que sirve a la vez para sostener la libra y reforzar la influencia inglesa. Para garantizarse contra los posibles desfallecimientos, se busca el concurso del Federal Reserve Bank de Nueva York.
Al mismo tiempo, si la carga de los préstamos extranjeros parece demasiado pesada, ésta se traspasa a los Estados Unidos, pero conservando las ventajas políticas de estas operaciones. “Inglaterra se ha instalado de esta manera, completa y parcialmente, en Austria, Hungría, Bélgica, Noruega e Italia. Va a instalarse en Grecia y en Portugal. Intenta introducirse en Yugoslavia y nos combate solapadamente en Rumania. ¿Vamos a dejarla actuar? Si es que sí, cuando se reúnan en Congreso los delegados de los diversos bancos de emisión, nos encontraremos ante el hecho consumado. Las monedas se dividirán en dos clases. Las de la primera clase, el dólar y la libra, se apoyarán en el oro, y las de la segunda clase se basarán en la libra y en el dólar al tener en depósito el Banco de Inglaterra y el Federal Reserve Bank de Nueva York una parte de sus reservas en oro. Estas monedas habrán perdido toda su independencia. Nuestra influencia política, en los países en los que tenemos un interés esencial en ejercerla, se verá seriamente comprometida.”18 Este párrafo ilustra bastante bien, por si fuese necesario, el conjunto de los problemas que ya hemos evocado a propósito de las monedas claves y de las monedas periféricas, y también sobre el papel de Gran Bretaña en la fundación y en el funcionamiento del gold exchange standard. La descentralización del mundo a partir de 1926 adquirió un carácter tripartito.
En 1927, el gobernador del Banco de Inglaterra, Montaigu Norman fue a pedir ayuda a su homólogo francés. Emile Moreau escribe a este respecto:
Esta es la opinión de uno de los más célebres gobernadores de Bancos y políticos venían íntimamente ligados: Mr. Norman había solicitado que se disminuyese el tipo de descuento, mientras que M. Moreau le respondía que debía aumentar la Bankrate. De todos modos, para ayudar a Londres, Francia decidió comprar oro en Nueva York, pero pidió al Banco de Inglaterra que comprase, para ella, todo el metal amarillo que se presentase en el mercado libre de Londres. Uno de los puntos de fricción más graves que oponía Francia a Inglaterra se refería a la política financiera anglosajona frente a Alemania. Francia estimaba que Gran Bretaña no tenía más que repatriar sus activos alemanes para compensar las entregas de oro al Banco de Francia.
“El Banco de Francia, al convertir sus libras y sus otras divisas en oro, obligaría a Londres, para defenderse, a realizar sus créditos sobre Berlín… Que los ingleses disparen primero, espontáneamente, sobre Europa central, y el resultado buscado será alcanzado mediante una colaboración totalmente franca, sin perturbaciones en los mercados intermedios”.
Una vez más vemos que el metal amarillo, cualquiera que hubiese sido su estatuto, no habría bastado para exorcizar las consecuencias de la evolución de las estructuras económicas, financieras y políticas del período de entreguerras. Llegamos de este modo al fracaso del Gold Exchange Standard en 1931.
El fracaso del Gold Exchange Standard
Las conversiones de divisas en oro. La actitud del Banco de Francia no fue una excepción, y la mayoría de los países que habían aceptado de grado o por fuerza- el patrón de cambios oro tras la Conferencia de Génova, se desprendieron lo más rápidamente posible de sus divisas algunos años más tarde. La confianza en las divisas claves dejó de existir; habría sido necesario que sólo existiese una, como antes de 1914. En 1926, 34 países habían estabilizado su moneda en términos de oro: 11 países habían adoptado exclusivamente el oro para cubrir su emisión monetaria: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, África del Sur, Holanda, Indias neerlandesas, Suecia, Suiza y Lituania. Dejando aparte Inglaterra y Estados Unidos, ninguno de estos países era un centro de oro. Todos ellos poseían una parte importante de sus reservas de liquidez internacional en libras o en dólares. La regla de la emisión no era tan importante como podría creerse; era la actitud de los bancos centrales con respecto a las divisas convertibles (tanto si estas divisas estaban comprendidas o no en la cobertura de la emisión de moneda) la que en última instancia importaba.

Veinticinco países habían decidido incluir divisas convertibles en las reservas de su banco central y en la cobertura monetaria: Alemania, Austria, Hungría, Checoslovaquia, Dantzig, Dinamarca, Estonia, Letonia, Finlandia y Bulgaria. En América del Sur: Chile, Colombia, Bolivia y Venezuela. India, Siam y Egipto tenían sus reservas compuestas exclusivamente por libras, mientras que México, Cuba y Filipinas las tenían en dólares. De 1926 a 1928, Italia, Polonia, Bélgica y Grecia adoptaron oficialmente el patrón de cambios oro. Francia vino a añadirse a esta lista de 1926a 1928.Un examen de la estructura de las reservas de liquidez internacional refleja el comportamiento de los bancos centrales a partir de 1928: el total de las reservas de divisas de 24 países europeos pasó de un máximo de 2.520 millones de dólares en 1928 a 505 millones de dólares en 1932. Al mismo tiempo, las reservas de oro pasaban de 3.490 millones de dólares a 5.870 millones de dólares. Las divisas que representaban el 42% del total de reservas en 1927 y 1928 pasaron al 8% en 1932. En último extremo los cuadros VIII y IX expresan con claridad la acción determinante de Francia en el fracaso deI patrón de cambios oro.
