El patrón oro internacional: mitos y realidades del siglo XIX

Pasado definitivamente a la historia. Las recientes dificultades del sistema monetario internacional y las controversias que suscita demuestran palpablemente que no es así. De todo ello hay que alegrarse ya que de este modo no podrá sino mejorar el conocimiento de los mecanismos monetarios del siglo xix. En efecto, la teoría del patrón oro vista por la mayoría de los manuales es más doctrinaria que analítica y, en este campo, la arrogancia dogmática ha sustituido al espíritu de investigación. Robert Triffin ha podido decir que “centenares de obras han discutido ad nauseam los problemas del patrón oro” sin preocuparse un instante por efectuar un estudio estadístico sobre la evolución de los instrumentos monetarios. Este segundo aspecto no nos concierne y muestra que la única ambición es la de descubrir lo que fue el patrón oro en la práctica con el fin de apreciar mejor el alcance del debate contemporáneo. La historia monetaria se desarrolló según una cronología dividida en tres fases: el siglo xix conoció la extensión y el apogeo del patrón oro cuyo funcionamiento se vio impedido por la primera guerra mundial. La vuelta al oro durante el periodo de entreguerras hizo nacer el Gold Exchange Standard (patrón de cambios oro) cuyo hundimiento acompañó la crisis y la depresión de los años treinta. Tras el período de los acuerdos bilaterales y multilaterales de la segunda guerra mundial se volvió poco a poco a un sistema parecido al patrón de cambios oro que, en la actualidad, funciona con dificultades y podría ser una causa permanente de desequilibrio internacional. Por esta razón hace falta encontrar otro sistema en el que se incorporen estabilizadores automáticos: ciertos autores (son poco numerosos) ven en la vuelta pura y simple al patrón oro la solución del problema. Pero para ello hace falta saber lo que fue realmente el patrón oro y por qué no sobrevivió al primer conflicto mundial.

Los orígenes: Monometalismo y Bimetalismo

Es en la historia de las monedas metálicas donde hay que buscar los orígenes del patrón oro. Durante el siglo xix existieron paralelamente tres sistemas: el monometalismo plata de ciertos países asiáticos, el monometalismo oro y el bimetalismo basado tanto en el oro como en la plata. El monometalismo plata fue desapareciendo poco a poco en la segunda mitad del siglo xix al aumentar rápidamente, a partir de 1848 la producción de oro. En los tres siglos que precedieron a la carrera por el oro de California en 1848-1849, se extrajeron el mundo alrededor de 4.000 t del metal amarillo. De 1848 a 1900 la existencia mundial de oro aumentó en 13.000 t. Todos los países que habían adoptado el patrón plata se vieron obligados a estabilizar el precio del oro, bien abandonando la plata, bien definiendo su moneda con respecto a los dos metales preciosos. Esto es lo que hizo Francia creando el franco de germinal; por su parte, la ley inglesa de 1816 tampoco olvidó la plata, aunque, en realidad, a partir de esta fecha, se puede considerar que Inglaterra adopta el patrón oro.

El monometalismo oro

Inglaterra adopta el patrón oro en 1816 utilizando la definición oro que Newton había dado a la libra esterlina, en 1717, cuando dirigía la Fábrica de Monedas: el valor de una onza de oro de 11/12 de oro fino era de £ 3,17s. 10/12d. Una moneda de oro de 7,988 g de 11/12 de oro fino el “soberano” representaba una libra esterlina. El oro se beneficiaba del derecho de libre acuñación y solamente las monedas de oro tenían un poder liberatorio ilimitado. De todas maneras, la ley de 1816 creaba también una moneda de plata, el chelín, de 5,23 g de plata fina. Al ser la libra igual a 20 chelines, la relación entre el valor de los dos metales estaba implícitamente establecida. El peso de la plata contenida en una libra esterlina era de 104,60 g y el peso de oro fino de 7,32 g. El valor de 104,60 g de plata fina era el mismo que el de 7,32 g de oro fino: el oro valía pues 14,29 veces más caro que la plata, según la relación legal. Sabemos que la relación comercial entre el valor de los dos metales se fue modificando poco a poco y que a fines del siglo xix era de 1/30 a pesar de no haberse modificado la relación legal. Las monedas de plata continuaban, sin embargo, jugando el papel de monedas complementarias en un sistema basado en el oro. Al lado de las monedas de plata, cuya acuñación era ilimitada, circulaban monedas de oro y billetes convertibles en oro. A raíz de las controversias entre la Currency School y la Banking School, la Bank Act de 1844 vinculó de manera muy estrecha la emisión de billetes con el encaje oro. Al margen de una pequeña circulación fiduciaria bandeando fondos del Estado, los billetes debían estar totalmente respaldados por las reservas metálicas del Banco de Inglaterra. Esta reserva podría estar compuesta por lingotes de plata y lingotes de oro, pero el valor de los primeros no podía sobrepasar la quinta parte del total “señalemos que el Banco de Inglaterra dejó de tener lingotes de plata en sus reservas a partir de 1861). Este sistema de emisión tan estricto respondía al deseo de asegurar la perfecta convertibilidad de los billetes en oro y evitar recurrir de esta manera al curso forzoso en períodos de crisis.

A principios de siglo, durante la controversia “bullionista”, a propósito del alza de precio de los lingotes, Ricardo había defendido un sistema de convertibilidad basado directamente en el encaje oro. Siendo el oro “la principal medida de valor”, Ricardo se apoyó en la teoría cuantitativa para afirmar que se habían imprimido demasiados billetes y que la consecuencia había sido un aumento de los precios. De todas maneras, Ricardo había propuesto una convertibilidad en lingotes, es decir un Gold Bullion Standard que no se adoptaría hasta después de la primera guerra mundial. Es en su artículo El elevado precio del lingote (1811) donde el gran autor de la escuela clásica expone sus puntos de vista sobre la convertibilidad, mostrando con toda claridad que no daba una excesiva importancia a la circulación de las monedas de oro. Hacía falta preocuparse por economizar el metal amarillo con el fin de asegurar un buen funcionamiento del patrón oro que dependía esencialmente de la libre convertibilidad de los billetes en lingotes y no en moneda fraccionaria destinada a las transacciones interiores. Dicho de otro modo, Ricardo comprendía que la convertibilidad desembocaba en el empleo del oro en las transacciones internacionales, y era con este fin que debía defenderse el encaje del Banco central. La Bank Act fue una victoria póstuma de la tesis de Ricardo en cuanto al régimen de emisión de billetes, pero la convertibilidad no se limitó a la compra de lingotes, fácilmente cuanto que Londres era, como veremos, el “director de orquesta del gold standard” y que la coexistencia entre el oro y la plata no resultó nada fácil en los países bimetalismo. El patrón oro fue adoptado por Portugal en 1854, por Alemania en 1871-1873, por los países escandinavos 5mn 1873-1875, por Finlandia y Serbia en 1878, por Argentina en 1881, por Egipto con 185, por Rumania en 1890, por Austria Hungría en 1892, por Rusia, Bulgaria, Japón, Chile en 1897, por los Estados Unidos en 1900, por Holanda en 1901, por México en 1904, etc.

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