{"id":860,"date":"2025-09-05T07:47:00","date_gmt":"2025-09-05T07:47:00","guid":{"rendered":"https:\/\/observadoreconomico.com\/?p=860"},"modified":"2025-09-02T18:23:11","modified_gmt":"2025-09-02T18:23:11","slug":"factores-desfavorables-al-desarrollo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/historia-economica\/factores-desfavorables-al-desarrollo\/","title":{"rendered":"Factores desfavorables al desarrollo"},"content":{"rendered":"<p>A pesar de la incertidumbre propia de las estad\u00edsticas sobre el crecimiento, queda fuera de duda que entre 1815 y 1914 la renta real global y per c\u00e1pita aument\u00f3 m\u00e1s lentamente en Francia que en los dem\u00e1s pa\u00edses industriales (Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, B\u00e9lgica). Veremos en la secci\u00f3n siguiente cu\u00e1l fue la magnitud y el ritmo de este crecimiento. Ahora nos proponemos pasar revista a los factores que pueden explicar el retraso de la econom\u00eda francesa, sin que sea siempre f\u00e1cil precisar su importancia relativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos factores desfavorables se refieren a las estructuras econ\u00f3micas y sociales, a los mecanismos de la actividad econ\u00f3mica y al proteccionismo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>a) La evoluci\u00f3n demogr\u00e1fica. Hemos visto en la primera secci\u00f3n que Francia fue el \u00fanico pa\u00eds industrial del siglo xix en el que la poblaci\u00f3n aumentaba a un ritmo tan bajo. Este estancamiento demogr\u00e1fico, que vino acompa\u00f1ado por el fen\u00f3meno del envejecimiento, no pod\u00eda m\u00e1s que tener una influencia desfavorable en la demanda final: \u201cEn general existe una relaci\u00f3n positiva entre las tasas de crecimiento de la poblaci\u00f3n y del producto. Todos los coeficientes de correlaci\u00f3n son positivos y elevados y las verificaciones indican que la mayor\u00eda de ellas son significativos al 1%&#8221;27 Adem\u00e1s, J. J. Spengler, en los Rapports du Ve Congr\u00e9s international des Sciences escribe:\u201cCuando la poblaci\u00f3n aumenta r\u00e1pidamente, los empresarios y la comunidad econ\u00f3mica tienden a estar animados por un esp\u00edritu expansionista y agresivo. Todos ven ampliarse sus mercados y se prev\u00e9 que los aumentos de las posibilidades de venta absorber\u00e1n una sobreproducci\u00f3n moment\u00e1nea y una capacidad de producci\u00f3n aparentemente excedentaria&#8230; Cuando la poblaci\u00f3n no aumenta o se reduce, pueden predominar unas previsiones menos optimistas, aunque este resultado no sea autom\u00e1tico. Tambi\u00e9n es probable que un alto en el crecimiento de la poblaci\u00f3n contribuya a dar rigidez a la estructura econ\u00f3mica de una sociedad\u201d. Francia ha tenido experiencia de esta rigidez estructural en la medida en que la movilidad del factor trabajo fue muy escasa a lo largo de todo el siglo xix. Las migraciones internas, del sector primario hacia el secundario y el terciario, fueron relativamente menos importantes que en otros pa\u00edses en v\u00edas de industrializaci\u00f3n La peque\u00f1a propiedad rural consigui\u00f3 retener los campesinos a la tierra; paralelamente, mientras que Francia exportaba sus ingenieros y sus especialistas, importaba un mano de obra menos cualificada, procedente de Espa\u00f1a, de Alemania y de Centroeuropa. La ausencia de presi\u00f3n demogr\u00e1fica fren\u00f3 a la vez la demanda global y la oferta de mano de obra.<\/p>\n\n\n\n<p>b)<em> La insuficiencia de los recursos naturales. -Hemos <\/em>se\u00f1alado<em> <\/em>ya la<em> <\/em>escasa importancia de los recursos de carb\u00f3n y de mineral de hierro. Mientras que, en 1890, el 53.5% de las importaciones de mercanc\u00edas representaban materias primas necesarias a la industria, este mismo tanto por ciento no era m\u00e1s que del 36,8% para el Reino Unido, del 42,6% para Alemania y del 36,4% para los Estados Unidos. A fines del siglo XIX, Francia era el \u00fanico pa\u00eds industrial que ten\u00eda que importar carb\u00f3n para sus necesidades interiores mientras que los dem\u00e1s pa\u00edses dispon\u00edan de recursos exportables. El precio del carb\u00f3n era mucho m\u00e1s elevado en Francia que en los restantes pa\u00edses industriales: seg\u00fan c\u00e1lculos efectuados por el Comit\u00e9 des Forges, deb\u00eda haber sido de 11,07 francos la tonelada entre 1885 y 1890 frente a 6,96 en Inglaterra, 9,37 en B\u00e9lgica y 6,59 en los Estados Unidos. Esto no representa una peque\u00f1a desventaja en una \u00e9poca en que el carb\u00f3n era la primera fuente de energ\u00eda. Francia no descubri\u00f3 su riqueza en mineral de hierro hasta muy tarde, y sufri\u00f3 un duro golpe-ya lo hemos se\u00f1alado-con la anexi\u00f3n de Alsacia y Lorena en 1871. La cuenca de Briey fue descubierta en 1894. En 1910, el 90% de la producci\u00f3n de hierro proced\u00eda de la Lorena y, en concreto, el 75% de Briey.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>c) El <em>ahorro<\/em> y la inversi\u00f3n. -Francia, en el siglo xix, no estuvo escasa de capitales, pero su ahorro no fue suficientemente productivo. Existi\u00f3 atesoramiento y el ahorro estuvo mal dirigido. Seg\u00fan las estimaciones de R. E. Cameron, durante el siglo xix se invirti\u00f3 en la agricultura y la industria algo menos de la mitad del ahorro neto.30 \u201cLos transportes y las instituciones financieras absorbieron entre 1870 y 1900 algo m\u00e1s de 20.000 millones de francos, quedando solamente para la agricultura y la industria de 50.000 a 60.000 millones, es decir, una media anual de 600 millones. Aqu\u00ed est\u00e1 el nudo de la cuesti\u00f3n. El crecimiento de la industria francesa no se mantuvo al nivel de la de los pa\u00edses vecinos porque Francia no invert\u00eda\u201d31 Esta pobreza de la inversi\u00f3n fue, en parte, debida a la evoluci\u00f3n demogr\u00e1fica y, en menor medida, a la insuficiencia de carb\u00f3n y de hierro. Y sin embargo, el siglo xix fue el del ahorro y del rentismo. El envejecimiento de la poblaci\u00f3n favorec\u00eda al ahorro. Pero este ahorro fue empleado para invertir en el extranjero y para prestarlo al Estado. Probablemente m\u00e1s de la mitad del ahorro franc\u00e9s se canaliz\u00f3 por estas dos direcciones. Es cierto que el Estado habr\u00eda podido emplear este ahorro para fines productivos, pero normalmente serv\u00eda para financiar los d\u00e9ficits presupuestarios. Por \u00faltimo, a los franceses siempre les ha gustado atesorar, y la situaci\u00f3n monetaria del siglo xix se prestaba f\u00e1cilmente a este tipo de operaci\u00f3n. Los cuadros XVI y XVII se\u00f1alan las preferencias del ahorro franc\u00e9s invertido en el exterior: predomina la confianza en el Estado. Desde hac\u00eda tiempo, los franceses se hab\u00edan ido acostumbrando-tal como lo hemos visto-a que el Estado jugase un importante papel en las funciones empresariales. Muy a menudo, las sumas invertidas en la construcci\u00f3n de l\u00edneas de ferrocarril se hallaban bajo la protecci\u00f3n directa o indirecta de los gobiernos afectados. El inversor franc\u00e9s ha preferido en general la seguridad a las posibilidades de grandes beneficios. Dejemos a Alfred Sauvy el cuidado de obtener la conclusi\u00f3n: \u201cSi se ha concedido a Francia la reputaci\u00f3n de banqueros del mundo, se debe a que, carente de un desarrollo interior, los capitales procuraban emplearse en el extranjero&#8230; De 1880 a 1913 la cartera francesa aument\u00f3 sus activos en papel de Estados extranjeros por un valor de 42.000 millones&#8230; Fue un largo martirologio&#8230; Los pa\u00edses prestatarios pagaban los intereses con la obtenci\u00f3n de nuevos pr\u00e9stamos. Indudablemente no fueron ellos quienes inventaron el procedimiento. Cuando despu\u00e9s de 1914 Francia fue incapaz de continuar con este peloteo, el circuito se cerr\u00f3. Los pa\u00edses con mayor pudor devolvieron los pr\u00e9stamos en francos-papel con una p\u00e9rdida casi total. Los restantes simplemente dejaron de pagar&#8230; Los franceses no pod\u00edan invertir en riquezas; hab\u00edan perdido el esp\u00edritu pionero, sin confianza en el futuro, deseosos de seguridad, no pod\u00edan comportarse de forma distinta a como lo hicieron. Su conducta era l\u00f3gica, coherente; al no querer hijos hab\u00edan perdido el esp\u00edritu creador. Buscaban el 3% nacional malgastado en presupuestos deficitarios o el 4% en fondos extranjeros. \u201cY fue as\u00ed c\u00f3mo los franceses, por no haber querido criar hijos, ayudaron a los dem\u00e1s a criar los suyos.&#8221;<\/p>\n\n\n\n<p>d)<em> <\/em>El proteccionismo. Francia ha sido siempre &#8220;proteccionista&#8221; y \u201ccolbertista\u201d. El Estado ha defendido la hegemon\u00eda nacional control\u00e1ndola y protegi\u00e9ndola de la competencia extranjera. A largo plazo esta pol\u00edtica no ha podido hacer otra cosa m\u00e1s que frenar la difusi\u00f3n de las nuevas t\u00e9cnicas y del crecimiento. La protecci\u00f3n agr\u00edcola contribuy\u00f3 a mantener elevados los precios mientras que los derechos de aduana impuestos sobre el carb\u00f3n y sobre las materias primas aumentaban los costes de producci\u00f3n. Estos derechos prohibitivos sobre el carb\u00f3n y los productos metal\u00fargicos, aprobados por la Restauraci\u00f3n en 1816, frenaron el desarrollo de la obtenci\u00f3n de hierro mediante coque. Las industrias mec\u00e1nicas y los restantes sectores consumidores de carb\u00f3n, hierro y acero habr\u00edan preferido comprar sus materias primas a precios mundiales. Con ello habr\u00edan tenido unos costes menores, y por tanto habr\u00edan producido a precios m\u00e1s bajos y m\u00e1s competitivos en el mercado mundial.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos, para terminar, que Francia sufri\u00f3 a lo largo del siglo xix m\u00e1s sacudidas pol\u00edticas que la mayor\u00eda de los pa\u00edses industrializados. Hubo revoluciones y guerras: revoluciones en 1830 y 1848, guerra de Crimea (1854-1956), guerra en 1870.Esta serie de sacudidas costaron caras en hombres y en recursos, y no hicieron m\u00e1s que retrasar el progreso econ\u00f3mico. Estas fueron las causas esenciales del retraso del crecimiento franc\u00e9s en el siglo xix. En la secci\u00f3n siguiente precisamos el ritmo de este crecimiento, pero antes citaremos la opini\u00f3n de Richard Cobden sobre el lugar ocupado por la econom\u00eda francesa en la competici\u00f3n internacional. Comentando los resultados de la exposici\u00f3n en el Crystal-Palace de Londres en 1851, Cobden se\u00f1alaba: \u201cInglaterra no tiene rival en la producci\u00f3n de objetos manufacturados&#8230; pero existe un pa\u00eds que, seg\u00fan la opini\u00f3n general, ocupa el primer puesto en la fabricaci\u00f3n de art\u00edculos que exigen una manipulaci\u00f3n delicada, un gusto inmejorable y la m\u00e1s h\u00e1bil aplicaci\u00f3n de las leyes de la qu\u00edmica y del arte de fabricar; este pa\u00eds es Francia&#8230; Como comerciantes, los ingleses son muy superiores a los franceses. Pero, como fabricantes, los franceses se hallan totalmente a nuestra altura. Si los franceses tuviesen las ventajas naturales que nosotros poseemos, habr\u00edan hecho y har\u00edan todo lo que nosotros hemos hecho\u201d<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><!-- wp:paragraph --><\/p>\n<p>A pesar de la incertidumbre propia de las estad\u00edsticas sobre el crecimiento, queda fuera de duda que entre 1815 y 1914 la renta real global y per c\u00e1pita aument\u00f3 m\u00e1s lentamente en Francia que en los dem\u00e1s pa\u00edses industriales (&#8230;<\/p>","protected":false},"author":3,"featured_media":862,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1266],"tags":[184,1263,1239],"class_list":["post-860","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-economica","tag-crecimiento","tag-desarrollo","tag-renta"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/860","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=860"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/860\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":866,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/860\/revisions\/866"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/862"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=860"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=860"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=860"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}