{"id":957,"date":"2025-10-24T06:43:00","date_gmt":"2025-10-24T06:43:00","guid":{"rendered":"https:\/\/observadoreconomico.com\/?p=957"},"modified":"2025-10-22T17:56:23","modified_gmt":"2025-10-22T17:56:23","slug":"revolucion-industria-y-situacion-obrera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/historia-economica\/revolucion-industria-y-situacion-obrera\/","title":{"rendered":"Revoluci\u00f3n Industria y situaci\u00f3n obrera"},"content":{"rendered":"<p>As\u00ed pues, el inicio de la industrializaci\u00f3n no resulta particularmente favorable al alza del nivel de vida de la inmensa mayor\u00eda de los trabajadores. Los impedimentos de \u00edndole econ\u00f3mica se sit\u00faan, junto a la &#8220;sed de beneficios&#8221;, entre las causas de la miseria obrera que marcaron profundamente los comienzos del capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Marx y Engels fueron testigos de esta inmensa miseria del proletariado y de ah\u00ed obtuvieron un m\u00e9todo de an\u00e1lisis y unas conclusiones definitivas sobre el funcionamiento del sistema capitalista. Fue en 1845 cuando Engels public\u00f3 su obra sobre la condici\u00f3n de la clase trabajadora en Inglaterra, y Marx nos dice en el prefacio de El Capital que al ser Inglaterra el lugar cl\u00e1sico de la producci\u00f3n capitalista. Tomo de este pa\u00eds los hechos y los ejemplos principales que sirven de ilustraci\u00f3n al desarrollo de mis teor\u00edas\u201d. Las nociones de \u201cexplotaci\u00f3n del hombre por el hombre&#8221; y de \u201clucha de clases\u201d no fueron fruto de la imaginaci\u00f3n marxista sino el resultado de una atenta observaci\u00f3n de los hechos. En su discurso inaugural a la primera Asociaci\u00f3n Internacional de Trabajadores, Marx dibuj\u00f3 un cuadro impresionante de la situaci\u00f3n de los obreros entre 1848 y 1864. Para ello se apoy\u00f3 en los testimonios de las comisiones parlamentarias brit\u00e1nicas (Comisi\u00f3n de sanidad p\u00fablica; Comisi\u00f3n sobre el trabajo de los ni\u00f1os). La historia de la miseria obrera es inseparable de la g\u00e9nesis del pensamiento marxista. Es en los inicios del capitalismo industrial donde hay que buscar los fundamentos del sistema colectivista.<\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros cat\u00f3licos sociales descubrir\u00e1n, hacia la misma \u00e9poca, la magnitud de la miseria obrera, pero tendr\u00edan que esperar hasta 1891 para que la primera enc\u00edclica social, Rerum Novarum, fuese publicada por Le\u00f3n XIII.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Las condiciones de trabajo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Queda patente en el pensamiento de los cl\u00e1sicos ingleses que no era posible mejorar la suerte del obrero por muy fuerte que fuese el deseo para conseguirlo. La ley de la poblaci\u00f3n de Malthus y la teor\u00eda del salario m\u00ednimo constitu\u00edan los fundamentos de esta opini\u00f3n. Un disc\u00edpulo de Adam Smith escrib\u00eda a fines del siglo XVII: \u201cEl hombre que, a cambio de los productos reales y visibles del suelo, no puede ofrecer m\u00e1s que su trabajo, propiedad inmaterial, y que no puede subvenir a sus necesidades cotidianas m\u00e1s que por un esfuerzo cotidiano, est\u00e1 condenado por la naturaleza a encontrarse casi completamente a la merced del que lo emplea. Es imposible que los argumentos de los fil\u00e1ntropos tengan alguna vez suficiente fuerza para determinar a los empresarios a aumentar los salarios de los empleados: \u00bfya que las demandas de \u00e9stos y las concesiones de aqu\u00e9llos est\u00e1n regidas por un conjunto de circunstancias ineluctables, que ni el patrono ni el obrero pueden modificar a su voluntad\u201d? Cuando se examina la situaci\u00f3n obrera de fines del siglo XVII a fines del siglo xix, nada permite pensar que el obrero no estuviese completamente a la merced de su patrono. El car\u00e1cter &#8220;ineluctable&#8221; de este estado de cosas puede dar lugar a opiniones m\u00e1s matizadas, pero ya hemos intentado poner en claro en la secci\u00f3n precedente el peso de las limitaciones econ\u00f3micas ligadas a la acumulaci\u00f3n del capita1. Sin embargo, no era necesario, cualesquiera que hubiesen sido estas limitaciones, reducir a la esclavitud a la clase obrera y organizar la vida de las f\u00e1bricas seg\u00fan un esquema m\u00e1s pr\u00f3ximo al de la c\u00e1rcel que al del taller. La explotaci\u00f3n de ni\u00f1os y mujeres es una p\u00e1gina poco gloriosa de los comienzos del capitalismo que la carrera por el beneficio y el gusto por la violencia son susceptibles de explicar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El trabajo de los ni\u00f1os en Inglaterra<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>La longitud de la forma de trabajo y la emplea de mujeres y ni\u00f1os no fueron acontecimientos nuevos que aparecieran con la industrializaci\u00f3n. &#8220;En el taller casero nos cuenta Mantoux la explotaci\u00f3n de los ni\u00f1os se practicaba de manera completamente natural. En el caso de los quincalleros de Birmingham el aprendizaje empezaba desde la edad de los 7 a\u00f1os; en el de los tejedores del Norte y del Sudoeste los ni\u00f1os trabajaban a los 5 a\u00f1os, a los 4, a la edad a la que se les juzgaba capaces de atenci\u00f3n y de obediencia&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>La concentraci\u00f3n de la mano de obra en las f\u00e1bricas hizo nacer nuevas exigencias en la organizaci\u00f3n del trabajo. Los trabajadores ve\u00edan en las m\u00e1quinas un peligro competidor que pod\u00eda conducirle al paro y detestaban la disciplina que los patronos quer\u00edan imponerles. A pesar de las largas jornadas de trabajo en casa, el obrero que deb\u00eda abandonar el taller familiar o el del maestro artesano para entrar en la f\u00e1brica, ten\u00eda la sensaci\u00f3n de abandonar la libertad por la c\u00e1rcel. \u00c9sta es la raz\u00f3n por la que las primeras f\u00e1bricas tropezaron con dificultades de empleo de mano de obra. \u00danicamente los m\u00e1s pobres y los m\u00e1s d\u00e9biles aceptaron ser contratados por las f\u00e1bricas: la poblaci\u00f3n expulsada del campo por las enclosures,&#8221; y los ni\u00f1os asistidos por las parroquias, constituyeron de esta manera las primeras oleadas de este nuevo proletariado. Michelet ha reprochado a William Pitt el haber fomentado el trabajo de los ni\u00f1os.&#8221;&#8230;cuando los fabricantes ingleses fueron a decir a Pitt que los salarios elevados del obrero les imped\u00eda pagar el impuesto, dijo una frase terrible. Esta frase pesa extraordinariamente sobre Inglaterra como una maldici\u00f3n.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed bien no es seguro que Pitt hubiese pronunciado alguna vez esta frase, s\u00ed subray\u00f3, como un gran n\u00famero de sus contempor\u00e1neos, las ventajas que pod\u00edan obtenerse del trabajo de los ni\u00f1os. En un discurso pronunciado en el Parlamento el 12 de febrero de 1796, William Pitt declar\u00f3: \u201cLa experiencia nos ha mostrado lo que puede producir el trabajo de los ni\u00f1os y las ventajas que se pueden obtener aplic\u00e1ndolos desde peque\u00f1os en los trabajos que son capaces de hacer. Si alguien se tomase la molestia de calcular el valor total de lo que ganan desde ahora los ni\u00f1os educados seg\u00fan este m\u00e9todo, se sorprender\u00eda al considerar la carga de la que su trabajo, suficiente para subvenir a su mantenimiento, libera al pa\u00eds, y lo que sus esfuerzos laboriosos y las costumbres en las que se les ha formado vienen a a\u00f1adirse a la riqueza nacional\u201d. Por las mismas fechas un pastor anglicano, el reverendo David Davies, recomendaba la extensi\u00f3n de una regla, adoptada en Jutland en 1785, seg\u00fan la cual no se concede ning\u00fan socorro a los ni\u00f1os de m\u00e1s de 6 a\u00f1os (en el marco de la ley de pobres), si no sab\u00edan hacer punto, ya los ni\u00f1os de m\u00e1s de 9 a\u00f1os si no sab\u00edan hilar lino o lana.<\/p>\n\n\n\n<p>Los abusos en la explotaci\u00f3n del trabajo de los ni\u00f1os fueron ampliamente favorecidos por la legislaci\u00f3n inglesa referente a la asistencia que las parroquias deb\u00edan otorgar a los pobres desde 1601. Se sabe que las casas de trabajo (workhouses) en las que se hacinaban estos pobres se parec\u00edan m\u00e1s a unas c\u00e1rceles que a unos hospicios. Las parroquias, preocupadas por aligerar el peso de la asistencia financiada mediante impuestos, establecieron contratos de \u201calquiler&#8221; con los fabricantes cuyo inter\u00e9s resid\u00eda en emplear a ni\u00f1os que apenas pagaban. Los administradores de los impuestos de pobres enviaron grupos de ni\u00f1os a las f\u00e1bricas, lejos de sus padres, sin que \u00e9stos pudiesen expresar su oposici\u00f3n puesto que se beneficiaban de la asistencia p\u00fablica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Empujadas por la necesidad, las familias obreras no asistidas tambi\u00e9n se vieron obligadas a mandar a sus hijos a las f\u00e1bricas. No s\u00f3lo la disciplina que se impon\u00eda a estos ni\u00f1os era cruel, no s\u00f3lo trabajan de catorce a dieciocho horas al d\u00eda, sino que pod\u00edan ser v\u00edctimas de la brutalidad y del sadismo de sus patronos y capataces. La historia del trabajo de los ni\u00f1os, en los comienzos de la revoluci\u00f3n industrial, se reduce a una serie de cuadros espantosos de los que Paul Mantoux nos ofrece algunas muestras impresionantes.&#8221; Despu\u00e9s de citar algunos casos de brutalidad que llegaban hasta la tortura pura y simple, Mantoux concluye: &#8220;Indudablemente, no todas las f\u00e1bricas fueron el teatro de tales escenas, pero no eran tan extra\u00f1as como su incre\u00edble horror permitir\u00eda suponerlo y fueron repiti\u00e9ndose hasta que no se instituy\u00f3 un control muy severo. Incluso sin malos tratos, el exceso de trabajo, la falta de horas de sue\u00f1o, la simple naturaleza de las tareas impuestas a los ni\u00f1os en la edad de crecimiento, habr\u00edan bastado para destruir su salud y deformar su cuerpo. Finalmente, la promiscuidad del taller y del dormitorio daban lugar al desarrollo de una peligrosa corrupci\u00f3n de las costumbres, especialmente cuando se trataba de ni\u00f1os, que se ve\u00eda, desgraciadamente, fomentada por la conducta indigna de un cierto n\u00famero de patronos y de capataces, que se aprovechaban de ellos para dar suelta a sus bajos instintos. Debido a esta mezcla de depravaci\u00f3n y de sufrimiento, de barbarie y de abyecci\u00f3n, la f\u00e1brica representaba para una conciencia puritana la imagen perfecta del infierno\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Existieron, claro est\u00e1, excepciones honrosas: bajo la influencia del puritanismo y de las sociedades filantr\u00f3picas, algunos empresarios normalizaron el trabajo y organizaron cajas de socorro y dispensarios para los obreros enfermos. Una de las experiencias m\u00e1s c\u00e9lebres fue la de David Dale quien, en 1784, instal\u00f3 una f\u00e1brica de hilados en Escocia. Con el fin de atraer a los campesinos que dudaban en emplear en la f\u00e1brica, hizo construir un verdadero poblado modelo, New Lanark. En 1792, viv\u00edan en New Lanark 2.000 habitantes. David Dale hab\u00eda empleado a ni\u00f1os asistidos, pero se ocupaba de su bienestar y de su educaci\u00f3n. Los ni\u00f1os estaban bien alimentados, no trabajaban despu\u00e9s de las siete de la tarde y aprend\u00edan a leer y escribir. En 1797, Dale entreg\u00f3 la direcci\u00f3n de su establecimiento a Robert Owen.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco fueron multiplic\u00e1ndose las tomas de conciencia ante los abusos a los que conduc\u00eda el laissez-faire. El 25 de enero de 1796, el doctor Percival public\u00f3 un informe en nombre de la Comisi\u00f3n de la Salud P\u00fablica de Manchester, en el que se ped\u00eda al Estado el establecimiento de una legislaci\u00f3n laboral con el fin de proteger a los obreros contra la explotaci\u00f3n y los malos tratos de los que eran v\u00edctimas. Hab\u00eda que obtener del Parlamento \u201cunas leyes que establecer\u00e1n en todas estas f\u00e1bricas un r\u00e9gimen razonable y humano\u201d. Se hab\u00eda lanzado una corriente de opini\u00f3n que iba a culminar con un proyecto de ley presentado por sir Robert Peel el 6 de abri 1 de 1802. La ley fue votada por el Parlamento ingl\u00e9s el 22 de junio de 1802. Marcaba el punto de escisi\u00f3n con el liberalismo absoluto y obligaba a los empresarios a aceptar ciertas condiciones de higiene y de descanso, en particular para los ni\u00f1os. Sin embargo, esta ley era mucho m\u00e1s el resultado de un sobresalto puritano frente a la inmoralidad y la indecencia que caracterizaban las costumbres en las f\u00e1bricas, que de la voluntad de mejorar la suerte de los trabajadores. A pesar de la inspecci\u00f3n de las f\u00e1bricas prevista por la ley, \u00e9sta fue durante mucho tiempo letra muerta.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"646\" src=\"https:\/\/observadoreconomico.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/d7903e46fbdd6cc88ad0285753480e2f-1024x646-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-961\" srcset=\"https:\/\/observadoreconomico.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/d7903e46fbdd6cc88ad0285753480e2f-1024x646-1.jpg 1024w, https:\/\/observadoreconomico.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/d7903e46fbdd6cc88ad0285753480e2f-1024x646-1-300x189.jpg 300w, https:\/\/observadoreconomico.com\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/d7903e46fbdd6cc88ad0285753480e2f-1024x646-1-768x485.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Las condiciones de trabajo en Francia<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Inglaterra no posey\u00f3 el triste monopolio de la miseria obrera: ning\u00fan pa\u00eds del continente pudo escapar a estos problemas que contribuyeron ampliamente al estallido agotador e interminable, de la disciplina de hierro, de los alojamientos insalubres, los pod\u00eda ser mayor, puesto que su empleo depend\u00eda completamente de los caprichos del mercado. En su Tableau de l&#8217;\u00e9tat physique et moral des ouvriers, publicado en 1840, Villerm\u00e9 subraya la insuficiencia de los salarios y sus consecuencias: &#8220;&#8230;la familia cuyo trabajo est\u00e1 tan mal retribuido s\u00f3lo puede subsistir con sus simples ganancias en el caso de que tanto el hombre como la mujer no enfermen, est\u00e9n empleados durante todo el a\u00f1o, carezcan de vicios y no soportan otra carga que la de dos ni\u00f1os de corta edad. Supongamos un tercer hijo, el paro, una enfermedad, el desorden econ\u00f3mico, unas costumbres o solamente una ocasi\u00f3n fortuita de intemperancia y esta familia se encuentra en las mayores dificultades, en una terrible miseria, y resulta indispensable socorrerla\u201d.Villerm\u00e9 tambi\u00e9n denunci\u00f3 el trabajo de los ni\u00f1os que permanec\u00edan de pie de 16a 17 horas en las f\u00e1bricas textiles: \u201cNo es un trabajo a destajo, es una tortura; se infringe a ni\u00f1os de 6 a 8 a\u00f1os, mal alimentados, mal vestidos, obligados a recorrer desde las 5 de la ma\u00f1ana la larga distancia que les separa de los talleres, a la que se a\u00f1ade por la noche la vuelta de los talleres. De todo ello surge una mortalidad infantil demasiado elevada &#8220;&#8221;Bajo el Segundo Imperio, las condiciones de trabajo de los ni\u00f1os no hab\u00edan cambiado demasiado y los padres deseaban, por necesidad, que los ni\u00f1os trabajasen lo antes posible. En el establecimiento Dollfus-Mieg, en Mulhouse, hacia mediados del Segundo Imperio, se contaban en los talleres de tiraje mec\u00e1nico,100 hombres, 40 ni\u00f1os y 340 mujeres. En la industria sedera, las j\u00f3venes empezaban a trabajar. A las 5 de la ma\u00f1ana y terminaban hacia las 10 o las 11 de la noche.&#8221;\u201cDos a\u00f1os de este r\u00e9gimen de trabajo, se\u00f1alaba un informe m\u00e9dico, bastaban para destrozar la salud y la belleza de la joven\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Las condiciones de trabajo en los Estados Unidos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En este cuadro r\u00e1pido y general de las condiciones de trabajo, al comienzo de la industrializaci\u00f3n de los pa\u00edses capitalistas, hay que hacer una menci\u00f3n especial del caso de los Estados Unidos. La escasez de mano de obra fue un factor favorable para los salarios, al menos con anterioridad a los a\u00f1os de fuerte inmigraci\u00f3n. Antes de 1840, los salarios reales de los obreros cualificados eran netamente m\u00e1s elevados que en Gran Breta\u00f1a. La econom\u00eda americana no pose\u00eda una poblaci\u00f3n campesina capaz de emigrar hacia las ciudades bajo la presi\u00f3n del progreso t\u00e9cnico. La expansi\u00f3n hacia el Oeste absorb\u00eda una parte de la mano de obra disponible, mientras que los inmigrantes eran contratados por las empresas industriales del noreste del pa\u00eds. &#8220;La aparici\u00f3n de la m\u00e1quina caus\u00f3 el paro de los obreros y la estructura social de los Estados Unidos no sufri\u00f3 unos trastornos tan considerables como en Europa. El artesanado no hab\u00eda adquirido la misma importancia que en los viejos pa\u00edses europeos. Cuanto m\u00e1s escasa era la mano de obra disponible, mejores eran las condiciones de trabajo. No conviene, sin embargo, generalizar las excepciones se\u00f1aladas por algunos viajeros europeos que describieron las condiciones de vida de las j\u00f3venes de Lowell, empleadas en la industria textil. Anthony Trollope y Harriet Martineau afirmaron que eran obreras europeas. Pero las condiciones de vida y de trabajo en New Lanark, en Escocia, eran tan buenas y tan excepcionales como las de Lowell. Los salarios reales de los obreros americanos aumentaron m\u00e1s r\u00e1pidamente que en Europa, especialmente despu\u00e9s de la guerra civil, pero, en conjunto, encontramos en los Estados Unidos los mismos abusos que en Europa y la misma miseria del proletariado.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El paternalismo moralizador y la disciplina<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Tanto en uno como en otro continente el paternalismo agresivo y moralizante de los patronos era el mismo. El puritanismo de barniz pol\u00edtico inspir\u00f3 profundamente los reglamentos de los talleres tanto a un lado como a otro del Atl\u00e1ntico. En una f\u00e1brica de muebles americana las instrucciones dadas al personal, hacia 1870, no se refer\u00edan al trabajo en el interior de la empresa: &#8220;Todo empleado precisaba el reglamento que fume cigarros espa\u00f1oles, beba alcohol bajo una forma u otra, se haga afeitar por el barbero, o frecuentes casas de juego y lugares p\u00fablicos, dar\u00e1 a su patrono motivos para sospechar de su integridad, de sus buenas intenciones y de su honradez en general.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201d Cada empleado tiene que pagar el diezmo, o sea el 10% de sus ingresos anuales a la Iglesia. Cualesquiera que sean sus ingresos, la contribuci\u00f3n de cada uno de ellos no debe ser inferior a los 25 d\u00f3lares por a\u00f1o&#8230; Los hombres tendr\u00e1n una noche libre por semana; dos si van regularmente a la Iglesia&#8230; Despu\u00e9s de haber trabajado durante 13 horas en el taller, todo empleado debe utilizar sus ocios en leer buenos libros y en pensar en las glorias y en la construcci\u00f3n del reino de Dios&#8221;.1 Otro tipo de reglamento, que entonces no era m\u00e1s que un convenio unilateral que el obrero se ve\u00eda forzado a aceptar, impon\u00eda un gran n\u00famero de multas por motivos de lo m\u00e1s diverso. En 1869, en las f\u00e1bricas de Creusot, la totalidad de las multas pod\u00eda absorber 26,75 francos de un salario de 30.<\/p>\n\n\n\n<p>En las f\u00e1bricas de hilados de Manchester, las multas penalizan los hechos y los gestos m\u00e1s inesperados tales como: abrir una ventana; ir sucio en el trabajo; no volver a dejar en su sitio la alcuza de aceite; silbar durante el trabajo&#8230; Un obrero enfermo que no pod\u00eda encontrar un sustituto satisfactorio deb\u00eda pagar 6 chelines al d\u00eda por la \u201cp\u00e9rdida de energ\u00eda mec\u00e1nica\u201d. El aumento de la dimensi\u00f3n de las empresas hac\u00eda desaparecer todo contacto directo entre el patrono y los obreros, y ello no hac\u00eda m\u00e1s que endurecer la disciplina. En la segunda mitad del siglo xix la direcci\u00f3n de las grandes empresas estaba asegurada por los consejos de administraci\u00f3n de las sociedades an\u00f3nimas. Ciertos datos en 1862, deploran la multiplicaci\u00f3n de estos &#8220;amos sin cara&#8221;. Empresas, gracias al aumento de la productividad debido a la concentraci\u00f3n de las empresas. Tambi\u00e9n la protecci\u00f3n del trabajo quedar\u00e1 mejor asegurada por las instituciones eficaces para defender a sus miembros cuando \u00e9stos est\u00e1n agrupados en grandes en desarrollo del derecho laboral a principios del siglo xix.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>As\u00ed pues, el inicio de la industrializaci\u00f3n no resulta particularmente favorable al alza del nivel de vida de la inmensa &#8230;<\/p>","protected":false},"author":3,"featured_media":960,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1266],"tags":[1298,1260],"class_list":["post-957","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-economica","tag-clase-obrera","tag-industrializacion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/957","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=957"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/957\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":962,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/957\/revisions\/962"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/960"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=957"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=957"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/observadoreconomico.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=957"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}