La estabilización del franco (1926-1928) 

Las consecuencias de la vuelta al patrón oro en la paridad de antes de la guerra fueron tanto más desfavorables para la economía británica por cuanto Francia había devaluado el franco, reduciendo su definición año XI (28 de marzo de 1803). En esta fecha, Francia había adoptado el bimetalismo concediendo la libre acuñación de oro y plata y el poder liberatorio ilimitado a las monedas de oro ya las de plata (1 kg de oro con una pureza de 9/10 permitía la acuñación de 155 monedas de 20 F. EI franco contenía, pues, 322,5 mg de oro con una pureza de 9/10. Por otra parte, el franco se define en términos de plata:1F=g de plata con una pureza de 9/10). Una ley del 5 de agosto de 1914 había decretado la convertibilidad del franco. Al terminar la guerra, la depreciación del franco en el mercado de cambios fue catastrófica. Frente a los tipos de cambio de antes de 1914 de 5,18 F por 1 $y de 25,22 F por 1 £, habían pasado a ser de 49,22 F por dólar y de 240,25 F por libra el 20 de julio de 1926, en el punto más bajo alcanzado. El gobierno cayó y, el 26 de julio de 1926, Raymond Poincaré se hizo cargo de la presidencia del Consejo.

A) El franco Poincaré

Preparando su política de estabilización, el gobierno hizo votar la ley de 7 de agosto de 1926, por la cual Francia entraba en un régimen de gold exchange standard. El texto legislativo precisaba en su art. 3:

“Los billetes emitidos por el Banco de Francia en un volumen correspondiente a las monedas, al oro o a las divisas compradas no se incluyen en el contingente de emisión fijado por la ley”.

Ésta no fue la única decisión que devolvió la confianza a los poseedores de francos, pero aquí no podemos entrar en los detalles de la experiencia Poincaré. El 22 de diciembre de 1926 el dólar valía 25,16 F y la libra 122,25 F. En esta fecha, el gobierno estableció el franco a este curso pidiendo al Banco de Francia que comprase y vendiese la libra a 122,25 F. Las autoridades dejaron circular la duda sobre la eventualidad de una estabilización de iure, lo que no hizo sino aumentar la especulación al alza del franco. Estimando que el franco estaba subvaluado y, por tanto, jugando sobre la posibilidad de una revaluación, los poseedores de capitales compraron francos. El Banco de Francia recibió de este modo divisas y oro. En 1925, las reservas de divisas de la banca se elevaban a 13 millones de dólares y las reservas de oro a 711 millones. En 1928 estas dos cifras se habían elevado respectivamente a 1.287 millones de dólares y a 1.254 millones de dólares.

La ley de 25 de junio de 1928 hizo entrar el franco en régimen de patrón oro, pero sólo se garantizó la convertibilidad en lingotes (gold bullion standard). El sistema de los techos de emisión fue abandonado y el art. 4 de la ley precisaba:

“El Banco de Francia debe conservar un encaje en lingotes y monedas de oro igual, como mínimo, al 35% del total acumulado de billetes al portador en circulación y de las cuentas corrientes acreedoras.”

Por último, el franco se definía por un peso en oro de 65,5 mg con una pureza de 9/10.

El presidente del Consejo había declarado ante la Cámara, el 24 de junio de 1928, que “el Banco de Francia, a partir del momento en que se haya decretado la estabilización legal, tendrá interés en transformar sus divisas en oro. Empezará, pues, a hacer inmediatamente”.

Este fue el punto de partida de las “diferencias” con Londres. París se convertía, a su vez, en centro de oro, y el Banco de Francia se veía obligado a convertir en oro las divisas que tenía acumuladas. De 1.287 millones de dólares en 1928, las reservas de divisas disminuyeron a 842 millones de dólares en 1931 y a 176 millones de dólares en 1932; las reservas de oro que ascendían a 1.254 millones de dólares en 1928 siguieron, evidentemente, una evolución inversa, pasando a 2.699 millones de dólares en 1931 y a 3.257 millones de dólares en 1932. En 1930, con casi 5.000 toneladas de oro depositadas en los sótanos del Banco de Francia, este país poseía la cuarta parte de las existencias mundiales de oro para fines monetarios. Con ello se aumentaron las dificultades de Londres y se contribuyó al fracaso del patrón de cambios oro. De 25 de junio de 1928 a noviembre de 1932 la conversión de las divisas en oro produjo un aumento del encaje metálico de 30.000 millones de francos. Sin embargo, durante este mismo período el encaje oro aumentó en 54.000 millones de francos. La diferencia, es decir, 24.000 millones, representaba una afluencia de capitales extranjeros cuyos poseedores consideraban el franco como un valor refugio.

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