Las consecuencias del fracaso del Gold Exchange Standard y de la Depresión Mundial

Con el fin de salvaguardar la estabilidad de los tipos de cambio, Francia, Inglaterra y los Estados Unidos firmaron un acuerdo el 25 de septiembre y Holanda se unió al acuerdo en noviembre de 1936. Se tendía poco dieron el precio del oro a 35 dólares in onza el 30 de enero de 1934, devaluando el dólar en un 59,06% no se trató de una vuelta al “patrón oro “El Federal Reserve System no garantiza-ni garantiza todavía más que la convertibilidad externa del dólar en oro y en divisas. Las monedas pasaron a ser controladas por el ministerio de Hacienda. Los oros no se dotaron como Inglaterra en 1931 y como Francia en 1936- de un Fondo de Estabilización de los Cambios encargado de efectuar las operaciones de compra y venta de divisas y de oro no monetario en el mercado de cambios, con el fin de mantener el dólar a un tipo de cambio fijo.

Las diferencias más importantes son, de una parte, que el precio de sostenimiento de los productos agrícolas se paga únicamente a los productores nacionales, mientras que el precio de sostenimiento del oro se paga tanto a los productores extranjeros como a los nacionales; de otra parte, que los productos agrícolas almacenados se venden libremente, al precio de sostenimiento, a cualquiera, mientras que el oro solamente es vendido a algunos compradores extranjeros y nunca a nacionales. En consecuencia, este estatuto determinó un mínimo al precio mundial del oro en términos de dólares”.“

De este modo se instauraba un sistema en el que el oro no jugaba otro papel que él de moneda internacional. Al margen de las peripecias del control de cambios, de las restricciones cuantitativas, de los acuerdos bilaterales de la segunda guerra mundial y de la experiencia de la Unión Europea de Pagos en los años 1950, nos encontramos hoy con las características de este dólar de 1934 que, en 1965, crea algunos problemas entre los que encontramos la inevitable disputa de la perseverancia de unos no es más que tozudez en los otros.

Si bien la cooperación a nivel mundial fracasó en la Conferencia de Londres, la cooperación entre los países del bloque de la libra fue un éxito del que hay que felicitar a Gran Bretaña. Este país perseguía un triple objetivo: luchar contra la depresión; defender el papel internacional de la City; compensar en el terreno económico una pérdida de influencia política sancionada por la independencia concedida a los Dominios por los estatutos de Westminster (1931).

La formación de la zona de la libra

A raíz de la devaluación de la libra y del abandono del patrón por mente el marco de la Commonwealth continuaron conservando una parte importante de sus reservas de liquidez internacional en Londres. Además, vincularon su moneda a la libra mediante un tipo de cambio fijo tras haber seguido a la libra en su depreciación. Estos países estaban pues en un régimen de Sterling Exchange Standard, pero hemos visto que el patrón oro del siglo xix era una especie de Sterling Exchange Standard a una escala mucho mayor que la de la zona monetaria de la libra después de septiembre de 1931. Se empezó a hablar de esta “zona” el día en que sufría una importante amputación.

Los países que se convirtieron en miembros de la zona de la libra en 1931-o mejor que continuaron siéndolo- fueron, en primer lugar, todos los países de la Commonwealth con la notoria excepción del Canadá, cuyos intereses comerciales y financieros estaban orientados desde hacía tiempo hacia los Estados Unidos. Portugal, los países escandinavos, Irán, Letonia, Japón y la República Argentina vincularon también su moneda a la libra.

Los vínculos comerciales jugaron un papel esencial en la actuación de estos diferentes países, ya que una parte muy importante de sus intercambios internacionales se efectuaba con el Reino Unido. Tenían, por tanto, interés en conservar los mercados británicos y en alinear su moneda con la libra para evitar que sus precios parecieran demasiado elevados. El cuadro X indica en efecto que las exportaciones de los países del bloque de la libra hacia Gran Bretaña eran relativamente más importantes que las importaciones procedentes de este país.

La economía británica había sido mucho menos alcanzada por la depresión que la economía americana, lo que fue favorable a la cohesión de la zona de la libra. La producción industrial británica en 1930 representaba el 92% de la producción de 1929 mientras que el mismo porcentaje para el mundo entero alcanzaba sólo el 86%. En el momento más bajo de la depresión esta misma producción se hallaba en Gran Bretaña al 88% de su nivel de 1929; al 63% en los Estados Unidos y al 65% en Alemania.

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