La balanza de bienes y servicios 

La balanza de bienes y servicios ha estado fluctuando desde 1947 y ha sido particularmente sensible a sucesos tales como la guerra de Corea y la expedición de Suez. La guerra de Corea redujo el excedente de la balanza de pagos corrientes de más de 5.000 millones de dólares en 1948 y 1949 a 1.300 millones en 1950. La expansión de la demanda europea en 1951(siempre bajo la influencia de la misma guerra) es favorable a las exportaciones americanas, elevándose el saldo a 3.300 millones. La recesión europea de 1952 redujo este excedente a 1.800 millones. A partir de 1954, este mismo excedente aumenta hasta 1957 fecha en la que alcanza los 5.200 millones de dólares. A pesar del aumento de los gastos militares en el extranjero, el déficit global, que se elevaba a 2.200 millones de dólares en 1953, fue sustituido por un excedente de 500 millones en 1957. Las causas de esta mejora radica en las compras de petróleo americano, a consecuencia del bloqueo del canal de Suez, y a las compras europeas de bienes de equipo durante este período, caracterizado por un verdadero boom inversor en Europa.

Junto a estos factores de mejora de los pagos exteriores hay que señalar el considerable crecimiento de las salidas de capitales privados a largo plazo. Entre 1951 y 1955, el saldo neto de estas salidas de capitales no alcanzó nunca los 1.000 millones de dólares. En 1955 este saldo se eleva a 700 millones de dólares, pero al año siguiente pasa a los 2.000 millones de dólares; en 1958 a 2.900 millones, y en 1958 a 2.600. La recesión de 1958 acarreó una fuerte disminución de las exportaciones americanas de bienes y servicios, con lo que el excedente de la balanza de bienes y servicios pasó de 5.200 millones de dólares en 1957 a 1.200 millones en 1958 para transformarse finalmente en un déficit de 400 millones de dólares en 1959.Al mismo tiempo, el saldo global, que era excepcionalmente positivo (+500 millones de dólares) en 1957 pasó a ser grandemente deficitario a partir de 1958. Entre 1957 y 1958 el empeoramiento de este saldo global se elevó a 4.000 millones de dólares.

En 1959, la huelga de los obreros americanos de la siderurgia conduce a un aumento considerable de las importaciones de acero, con lo que el saldo de la balanza de bienes y servicios pasa a ser, este año, deficitario (-400 millones de dólares). La reducción de 1.000 millones de dólares del déficit neto de las inversiones exteriores privadas frenó el crecimiento del déficit global, que a pesar de todo fue de 3.700 millones de dólares. En 1961 y 1962, la mejora de la balanza de pagos fue muy sensible gracias al considerable excedente de las transacciones de bienes y servicios (5.000 millones de dólares en 1961 y 4.300 millones de dólares en 1962) y a pesar del crecimiento de las inversiones en el extranjero y de la ayuda exterior. La principal responsabilidad del déficit de la balanza de pagos americana recae sobre las inversiones de capitales privados en el extranjero que aumentaron en una media anual de 1.700 millones de dólares entre el período 1958-1960 y el período 1953-1955. Esta comparación de dos períodos, que abarca el mismo tipo de movimiento coyuntural (una recesión y una expansión) tiene la ventaja de eliminar ciertos factores accidentales y, además, el efecto de la crisis de Suez en 1956.

De todos modos, este análisis puede inducir a error. El reciente estudio de la Brookings Institution sobre la balanza de pagos de los Estados Unidos señala la existencia de ciertos efectos de retorno de las inversiones extranjeras y de la ayuda gubernamental sobre el comercio exterior de los Estados Unidos. Estos efectos de retorno (feedback) se deben a que una parte de los capitales americanos invertidos en el extranjero sirven para financiar importaciones procedentes de los Estados Unidos. Desgraciadamente, no es fácil medir esta incidencia favorable sobre la balanza de pagos. Este cálculo es todavía más difícil cuando se trata de medir la incidencia global sobre las importaciones mundiales de la oferta de divisas americanas. Un aumento de la demanda americana de materias primas puede conducir a un alza de precios de estos productos y, por tanto, a un aumento de los ingresos en divisas de los países vendedores. Sabemos que estos países son generalmente no industrializados y que su capacidad de importación depende directamente de la demanda de productos primarios. Por consiguiente, un gasto suplementario de los Estados Unidos que sirva para financiar importaciones de materias primas puede conducir, con un cierto desfase, a un aumento de las exportaciones de este país. El mismo tipo de razonamiento puede aplicarse a los efectos de la ayuda exterior concedida por el gobierno americano con fines económicos o militares. Señalemos, por último, que las rentas de las inversiones exteriores aumentan con la masa de capitales invertidos. De 1953 a 1955 estas rentas netas aumentaron, por término medio, anualmente, en 1.700 millones de dólares mientras que de 1958 a 1960 esta media fue de 2.200 millones de dólares. Por el contrario, existen seguramente efectos de retorno negativo tanto para los Estados Unidos como para otros países: en la medida en que los productos exportados han sido fabricados con productos importados, el aumento de las exportaciones lleva consigo un aumento de las importaciones. Tampoco aquí resulta fácil medir esta incidencia. Sin embargo, es importante estudiar este tipo de interacciones con el fin de buscar los medios más eficaces de reducir el déficit global de los Estados Unidos.

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