Planificación y crecimiento

Más allá de las dificultades coyunturales y de los problemas de equilibrio que la economía francesa encontró en su recorrido, a partir de 1950 no puede olvidarse que los resultados globales son satisfactorios. Con una tasa de crecimiento medio anual del producto interior bruto del orden del 4,5%, Francia se clasifica en el cuarto lugar de los grandes países industriales detrás de la Alemania federal (7,6%), Italia (5,9%) y Países Bajos (4,9%). La producción industrial ha aumentado por término medio en un 7% anual, es decir, que tiene tendencia a doblar cada diez años. Este crecimiento se ha conseguido, mientras la población total pasaba de 41.600.000 en 1949 a 45.180.000 en 1960 y a más de 48.000.000 en 1964.Al mismo tiempo la población activa se ha mantenido estable, al menos hasta la vuelta de los franceses de Argelia en 1962-1963. En 1949 la población activa se elevaba a 18.860,000 y en 1959 a 18.840.000. Ha sido, pues, un aumento de la productividad el que ha permitido obtener el crecimiento del volumen de producción. Las inversiones y el progreso técnico explican esta mejora de la productividad. También ha sido favorable al desarrollo la modificación de la estructura de la población activa: se registra en efecto una disminución de la población activa agrícola en beneficio de la industria y del sector terciario. De más de 5 millones, la población activa agrícola se ha reducido a 4.200.000 en 1959. Esta evolución tiende a demostrar que ciertas adaptaciones estructurales fundamentales se efectúan en un sentido favorable al avance de las técnicas de producción.

El examen de las tasas de crecimiento anuales señala solamente dos recesiones entre 1950 y 1964: la recesión 1952-1953, todo lo mismo por un estancamiento, pero no por una caída de la producción. Las fluctuaciones coyunturales han sido muy pequeñitas en relación con las que se habían conocido antes de la guerra y el pleno empleo ha quedado, en conjunto, asegurado. Veremos que las mayores dificultades nacieron de la inflación y no de la desaceleración de la actividad económica. Además, la medida global del crecimiento no nos dice nada sobre los frenazos sectoriales y regionales de la difusión del progreso A pesar de los esfuerzos de la planificación no es fácil actuar sobre todo el territorio y dominar los mecanismos espontáneos que drenan los recursos hacia las regiones mejor equipadas y en las que se halla ubicada la gran industria. Antes de abordar este problema veamos cuáles han sido los objetivos de los planes de desarrollo y los resultados obtenidos en términos de crecimiento.

Los objetivos de los planes franceses

La planificación francesa continúa siendo, aún hoy, una experiencia única y paradójica. Francia es, en efecto, el único país que ha montado una programación a medio plazo. Esta programación fundada sobre trabajos de previsión y sobre unas opciones fundamentales, tomadas a nivel del gobierno para la utilización de los recursos, no afecta al sistema capitalista y a la economía de mercado. La paradoja reside en el hecho de que la planificación indicativa “se sirve principalmente de los mecanismos del mercado y de las motivaciones de rentabilidad para corregir sus efectos espontáneos”.

La Comisaría General del Plan nació en 1946, bajo la presión de las necesidades de la reconstrucción. No se trata de la puesta en práctica de una doctrina política sino simplemente del fruto de un método de investigación empírica. La economía de mercado abandonada a ella misma había demostrado suficientemente su impotencia durante el periodo de entreguerras para que los poderes públicos intentasen adecuarla para reducir los riesgos de inestabilidad. La planificación indicativa se apoya en primer lugar en un amplio estudio de mercado a escala nacional y pone a disposición del gobierno y de las empresas los “radares” y los “intermitentes” que permiten descubrir por anticipado los “accidentes del recorrido”. Por esta razón el plan debe integrar, a la vez, procurando su compatibilidad, los objetivos del desarrollo a medio y a largo plazo y los objetivos a corto plazo de la política coyuntural. La experiencia demuestra que esto no es fácil.

Desde 1947 los objetivos de los planes han variado según las necesidades del momento. Hemos visto que el primer plan, el plan Monnet que cubrió el periodo 1947-1952, había definido las grandes opciones de la reconstrucción dando preferencia a las industrias de base con respecto a las industrias de bienes de consumo. Los controles directos heredados de la economía de guerra permitieron al gobierno asignar los recursos disponibles a los grandes sectores considerados prioritarios. Los objetivos parecen haber sido subestimados pero la ausencia de una contabilidad nacional antes de 1949 y la naturaleza de las dificultades bastan para explicar el margen de error. La producción industrial de 1952 debía superar en un 25% a la de 1929; en realidad sólo acusó un avance del 12% debido a la recesión de 1952. Los autores del plan habían previsto que la producción agrícola debía ser superior en un 16% a la media de los años 1934-1938; el avance realizado en 1952 no era más que del 8%. En su conjunto, los objetivos del plan fueron conseguidos con un año de retraso. Señalemos que en 1952 el producto nacional bruto supera en un 39% al de 1946, en un 19% al de 1938 y en un 3% al de 1929.

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