El bimetalismo

A diferencia del patrón oro puro y simple, el bimetalismo se basaba tanto en el oro como en la plata. Las monedas de oro y de plata eran acuñadas libremente y tenían un poder liberatorio ilimitado. En ambos sistemas existía una relación legal y fía entre el valor monetario de los dos metales. Estos fueron los rasgos característicos del sistema monetario francés a partir de la ley de 7 de germinal año XI (28 de marzo de 1803) y hasta la ley de 25 de junio de 1928. El franco de germinal se definía como una moneda de 5 g de 9/10 de plata fina. La ley precisaba además que en 1 kg de 9/10 de oro se podían acuñar 155 monedas de 20 francos. La relación entre el valor monetario del oro y la plata era pues de 15,5 ya que un kilo de oro a 9/10 valía 3.100 F (155 x 20) mientras que la misma suma representaba el valor legal de 15,5 kg de plata (3.100×5 g). El bimetalismo funcionó muy mal a partir de la segunda mitad del siglo xix al no cesar de depreciarse el valor comercial de la plata con respecto al oro. De esta manera el oro huía de los países bimetalismo, puesto que salía más a cuenta saldar las cuentas exteriores en oro: los países con patrón oro solamente aceptaban los pagos en plata al valor comercial del metal, es decir, a su valor depreciado. Según la ley de Gresham, la mala moneda expulsa la buena. Este movimiento se vio acentuado por las operaciones especulativas, que eran tanto más beneficiosas cuanto que la diferencia entre la relación legal y la relación comercial era grande. 

Hubo que instaurar medidas de protección: el 28 de febrero de 1878. Una ley americana, el Bland Bill, obligaba al gobierno a acuñar mentalmente monedas de plata por una suma de 2 millones de dólares y preveía la compra mensual de 5 millones de dólares al precio legal. Entre la plata del país y el 1/3 de la producción mundial. 

El equilibrio automático

La presentación teórica más perfecta de los mecanismos del patrón oro es debida a los autores del Cunliffe Report redactado en 1918 a petición del gobierno británico (The Interim Report of the Committee on Currency and the Foreign Exchanges). Once años más tarde, el Macmillan Report Comité Cunliffe. No deja de tener interés el señalar que estas dos en cuestionaba (1918) o funcionaba mal y estaba en vísperas de sufrir un grave fracaso (1929). En una situación como ésta, se tiene tendencia, generalmente, a descubrir que se está a punto de perder una cantidad ingente de ventajas.

Las características del patrón oro:

1.° La unidad monetaria nacional se definía por un determinado peso de oro y el banco central compraba y vendía el oro a un precio fijo (o variable entre unos límites muy estrechos);

2.° Los billetes eran convertibles en oro y la acuñación de monedas era libre;

3.° Los tipos de cambio estaban determinados por el peso de oro contenido en cada divisa y estos tipos se mantenían fijos entre los límites de los puntos del oro;

4.° La importación y la exportación de oro era totalmente libre y, por tan-to, la masa monetaria de cada país estaba directamente ligada a los movimientos internacionales del metal amarillo. El equilibrio interior era función del equilibrio exterior, y unos mecanismos automáticos aseguraban una feliz armonía de costes y precios mediante una rápida reabsorción de cualquier tendencia al desequilibrio.

Ahí radica la virtud fundamental que un gran número de autores han creído descubrir en el patrón oro desde los escritos de Ricardo y el Bullion Report. Cuando un gran número de países ha adoptado este régimen, el oro es a la vez moneda nacional e internacional y, como las divisas se cambian a unos tipos fijos, el sistema monetario internacional es homogéneo y está unificado. Los autores del informe Cunliffe estimaron, pues, que la experiencia del siglo xix había confirmado la teoría ricardiana del equilibrio automático de la balanza de pagos según la cual un déficit o un excedente exterior debía ser automáticamente eliminado por los mecanismos del mercado. Nos hallamos aquí en presencia del aspecto más fundamental del funcionamiento teórico del patrón oro: Cuando los intercambios exteriores eran deficitarios y el tipo de cambio alcanzaba el punto de salida del oro, resultaba beneficioso exportar oro. En el primer caso la presión inflacionista podía conducir a un aumento de los precios susceptible de frenar las exportaciones y alentar las importaciones; con lo que el excedente era finalmente eliminado. En el segundo caso, las salidas de oro engendraron una presión deflacionista al disminuir la cantidad de moneda en circulación en el país; la baja de precios que podía producirse favorecía las exportaciones y desalentar las importaciones. EI déficit era reabsorbido poco a poco.

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