En vísperas de la primera guerra mundial, los Estados Unidos se hallan impacientes por sacudirse la tutela inglesa en las operaciones financieras internacionales. A pesar de su potencia económica, los Estados Unidos carecen de la posibilidad de oponerse a la preeminencia británica basada en gran parte en la estructura particular de la City de Londres. Nueva York no es más que un centro financiero nacional, y los banqueros americanos todavía no se han lanzado a la financiación del comercio internacional. Los capitales americanos empiezan a invertir en el extranjero, pero el dólar no es aceptado como moneda de reserva, es decir, que todavía no ha recibido la consagración como “moneda internacional”. La primera guerra mundial va a precipitar los acontecimientos: no hará otra cosa sino acelerar una evolución cuyas bases estaban echadas. Basta con remitirnos a los trabajos de la “Comisión monetaria nacional”, que ya hemos citado, para darnos cuenta de la impaciencia de los banqueros americanos por entrar en competencia con Londres. La historia del período de entreguerras, especialmente de 1919 a 1930, estará caracterizada por el conflicto entre Londres y Nueva York. Entre 1926 y 1931, Francia añadirá sobre este tablero un importante peón. Durante este período, el franco no juega el papel de moneda internacional de la misma manera que la libra o el dólar. Sin embargo, París es un importante centro financiero y el franco se convertirá en una divisa muy deseada entre la estabilización de 1926 y la devaluación de la libra en 1931.
A partir de 1919, pues, Gran Bretaña pierde su monopolio financiero y al mismo tiempo la centralización financiera internacional desaparece. Con ello, los especuladores quedan libres de elegir entre varias divisas clave y los desplazamientos de la confianza implican desplazamientos de los capitales. Creemos que el primer autor que aportó una importante contribución al estudio de las consecuencias de esta descentralización financiera del mundo después de 1919 fue W. A. Brown Jr.
les y sus posibles consecuencias sobre el funcionamiento del nuevo patrón oro, es decir, el gold exchange standard (patrón de cambios oro) que Gran Bretaña propone en la Conferencia de Génova en 1922. En el momento del fracaso del sistema, el informe Macmillan expone tardíamente un pertinente análisis. Recordando la situación existente en el siglo xix, el informe precisa:
…incluso en esta época, el mecanismo automático del patrón oro dependía más o menos del Banco de Inglaterra y funcionaba de manera satisfactoria debido únicamente a la supremacía de Londres, que era entonces el centro financiero más poderoso del mundo… Los demás países debían adaptarse a las medidas adoptadas en Londres y decidir las suyas en consecuencia. Pero la situación de posguerra es radicalmente diferente. En primer lugar, Nueva York se ha convertido en un centro financiero extraordinariamente poderoso, que ejerce sobre los recursos mundiales en oro una atracción tan fuerte como la de Londres. En segundo lugar, los volúmenes de liquidez en poder de extranjeros en estos dos centros son mucho más importantes que antes de la guerra… por estas razones resulta necesario adoptar unos medios más importantes de gestión y de dirección monetaria”.
La pugna entre Francia y sus aliados no arregló nada. Para comprender la actitud del Banco de Francia con respecto al Banco de Inglaterra de 1928 a 1931, hay que tener presente el problema de las deudas de guerra. Francia no admitió la actitud angloamericana sobre la cuestión de las reparaciones y el gobernador del Banco de Francia supo recordar a su colega inglés que no tenía más que repatriar los haberes británicos en Alemania y en Europa central si quería aumentar las reservas de oro del Reino Unido.
Estudiaremos en primer lugar el nacimiento y los principios del Gold Exchange Standard para exponer a continuación las condiciones de su funcionamiento y de su fracaso. Esto nos llevará a examinar detalladamente la competencia entre Londres y Nueva York, de una parte, y entre París y Londres, de otra. A continuación, veremos que la ausencia de cooperación internacional y el fracaso de la Conferencia mundial de Londres en 1933 no podían sino aumentar las dificultades nacidas con la depresión de 1929-1933. Únicamente Gran Bretaña, al haber abandonado el oro, consiguió salvaguardar el papel internacional de la libra en el interior de su zona.
Las condiciones de la vuelta al oro
En general se cita la Conferencia de Génova cuando se quiere indicar el origen del sistema monetario internacional del período de entreguerras. Sin embargo, en 1920, tuvo lugar en Bruselas una conferencia de expertos que preparó el camino de la que tuvo lugar dos años más tarde en Génova. Las recomendaciones de los delegados de las 39 naciones reunidas en Bruselas señalaban a la vez la urgencia y los peligros de una “vuelta a la normalidad”, es decir, al patrón oro. Se decía, en efecto:

“La vuelta efectiva al patrón oro o su establecimiento requeriría en numerosos casos una importante deflación y es seguro que una deflación de este tipo, si se intentaba, tendría que efectuarse progresivamente y con una gran prudencia”.
Hay otra recomendación que merece una mención especial: proponía la creación de una organización internacional del crédito, de una parte, y de una clearing house, de otra. “Debería fundarse un organismo internacional que estuviese a disposición de los Estados deseosos de recurrir al crédito con el fin de pagar sus importaciones esenciales. Los Estados deberían depositar los activos ofrecidos en garantía del préstamo y acordar con el organismo internacional las condiciones de gestión de estos activos.
En este mismo artículo de The Economist, se trata de Alemania y de los Estados Unidos en unos términos que no es inútil reproducir cuando se conoce cuál fue la política de préstamos exteriores de los Estados Unidos de 1920 a 1930:
“Ni los Estados Unidos ni Alemania estuvieron representados por delegados de importancia, pero mientras que la impresión dejada por los alemanes fue buena, en conjunto, el jefe de la delegación americana fue un poco lejos al declarar brutalmente que los americanos no consideraban a Europa como un deudor solvente y seguro, y al subrayar la diferencia entre los Estados europeos separados por barreras aduaneras y rivalidades políticas, y los miembros de los Estados Unidos que vivían en la amistad y el librecambio”.
También en este caso actuaban los precursores. Necesidad de una vuelta al oro y algunas visiones prospectivas a muy largo plazo, éste fue el núcleo del mensaje de la Conferencia de 1920.En los seis meses siguientes las monedas de Polonia y de Austria se hundieron, y el marco alemán se hallaba en camino de la catástrofe. Fue en parte para enfrentarse a estos problemas que se reunió la Conferencia de Génova en 1922.
