Se critica a menudo el sistema monetario internacional por el hecho de que se apoya más, para la cancelación de los pagos, sobre el empleo de di-visas (dólares y libras) que sobre el oro. Francia hizo saber incluso, a comienzos de febrero de 1965, que no aceptaría más divisas extranjeras en pago de excedentes netos. En una conferencia pronunciada en la Facultad de Derecho de París, el 11 de febrero de 1965, el entonces ministro de Hacienda francés, Giscard d’Estaing, afirmó que las grandes naciones deberían hacer una declaración solemne por la que se comprometerían en adelante a cancelar sus déficits mediante pago directo en oro y no por medio de dinero de reserva adicional”.
Evidentemente no, ya que esto significaría suprimir las tres cuartas partes de la liquidez internacional actualmente disponible. Nunca, por otra parte, el patrón oro ha consistido entre otras cosas-en el empleo exclusivo del metal amarillo como medio de pago. Las necesidades de financiación del comercio internacional que aumentaron con el desarrollo industrial se vieron satisfechas por créditos bancarios a corto plazo y por movimientos de capitales a largo plazo, mucho antes de que se hablase oficialmente del Gold Exchange Standard. No fue la Conferencia de Génova la que, en 1922, innovó “peligrosamente” distinguiendo las divisas clave en un régimen de patrón oro y las divisas periféricas en un régimen de Gold Exchange Standard. La acumulación de divisas como medio de liquidez internacional es un asunto muy viejo que los defensores de la vuelta al oro quieren cuidadosamente ignorar. Según el análisis tradicional, un desequilibrio de la balanza de pagos debía producir inmediatamente movimientos de oro que pondrían en marcha todos los mecanismos de ajuste que hemos recordado. De todos modos, una serie de estudios serios sobre las cuentas internacionales de Francia, 18S0-1913, por H. D. White; sobre Alemania y Gran Bretaña por C. Bresciani Turroni; sobre los pagos exteriores de los Estados Unidos por F. W. Taussig, no han confirmado la teoría clásica. Vale la pena citar el párrafo en que Taussig, partidario de la tesis clásica, confiesa su extrañeza y sus dudas:
“Los movimientos efectivos de mercancías parecen haberse ajustado a las variaciones de la balanza de pagos con una exactitud y una rapidez sorprendentes… Sin embargo, no se observa ninguna de las perturbaciones que considera el análisis teórico… Las transacciones registradas entre los diversos países indican unas transferencias sorprendentemente débiles de la única moneda que se desplaza de uno a otro a saber el oro. Son las mercancías las que se desplazan y parecen hacedor inmediatamente… El estadio intermedio que podríamos esperar, el de movimientos de oro y cambios en los precios es difícil de descubrir y, con toda seguridad es extraordinariamente corto”.
Ya que el oro se desplazaba poco, esto significa que debían existir otros medios de pago y vamos a ver, al buscarlos, que el patrón oro del siglo xix era una especie de patrón de cambio oro. Los recientes trabajos de Arthur Bloomfield muestran claramente la importancia de las reservas de divisas que poseían los bancos centrales a finales del siglo xix, además de las reservas de oro. En la misma fecha, las reservas mundiales de oro ascendían a 4.900 millones de dólares. La fecha más antigua para la que Bloomfeld da una estimación de los activos en divisas es para 1880 y el volumen total era entonces de 60 millones de dólares. En el lapso de veinte años esta cifra aumentará más del doble pasando a 130 millones de dólares en 1899. La cuestión esencial es la de saber qué divisas se mantenían en reserva por parte de los bancos centrales y de las autoridades monetarias. Se sabe que el banco de Rusia poseía activos en Londres, Berlín, París, Viena, Hamburgo, Ámsterdam… pero se carece de información estadística que permita estimar los volúmenes poseídos en cada uno de estos lugares, oro, una gran proporción del total de los activos en divisas se poseía, sin ninguna duda, en forma de letras de cambio libradas en libras, de depósitos en los bancos londinenses y de otros activos a corto plazo en libras”.

Rusia era, sin duda, uno de los pocos países que poseían una parte de sus reservas monetarias en divisas fuera de Londres. El 1. ° de enero de 1914, Rusia poseía 594 millones de rublos en divisas extranjeras (306 millones de dólares), de los que 431 millones representaban activos contra Francia, 103 millones activos contra Alemania, 46 millones activos contra Gran Bretaña. Reservas mundiales de oro y de divisas poseídas por los bancos centrales y por las autoridades monetarias. El cuadro III nos da una idea de la importancia relativa de las reservas de divisas en relación con las reservas de oro en poder de los bancos centrales entre 1880 y 1913. Estas cifras obtenidas de los estudios de Bloomfield no son más que aproximadas pero su evolución revela de manera clara que el papel de las divisas aumentó de modo sensible a fines del siglo xix. Las condiciones de emisión de billetes eran muy diferentes según los países, pero, lo que nos parece esencial, es la aceptación de las monedas nacionales como instrumento de reserva y de pago en las transacciones internacionales. A pesar de la insuficiencia de los datos estadísticos no hay ninguna duda de que la divisa privilegiada era la libra. No sólo la estructura bancaria de Londres basta para apoyar esta tesis, sino que, además, no deja de ser sintomático que Gran Bretaña hubiese sido el único gran país que careciese de reservas de divisas. Junto a esto, las reservas de oro del Banco de Inglaterra eran extraordinariamente pobres, pero su política del tipo de descuento era particularmente eficaz y evitaba todo desequilibrio exterior prolongado. El patrón oro se había convertido en las últimas décadas del siglo xix no sólo en un Gold Exchange Standard sino en un verdadero Sterling Exchange Standard.
