Citaremos dos ejemplos:
En 1925, el Instituto del Café del Brasil quiso solicitar un préstamo de Nueva York con el fin de crear unas instalaciones para almacenar café. Como se trataba de construir unos almacenes que permitieran retirar una parte de la producción de café del mercado mundial con el fin de evitar una baja de precio, el Departamento de Estado desaconsejó el préstamo que habría favorecido una maniobra monopolística desfavorable para los consumidores americanos. Fue Londres quien entonces proporcionó los fondos necesarios.
En 1925, el cártel franco alemán de la potasa se encontró con que se le negaban unos fondos. Una casa americana afiliada al cártel pudo, sin embargo, proporcionar una parte de las sumas deseadas y el resto se tomó prestado en libras en Londres.
La cuenta de la libra al patrón oro en 1925
Si existe una medida que muestre claramente el deseo de Gran Bretaña de contrarrestar la joven influencia americana en las operaciones financieras internacionales de los años veinte, es la vuelta al patrón oro, a la paridad existente antes de la guerra, decidida el 13 de mayo de 1925. Deberíamos extrañarnos, de paso, de que hubiese habido que esperar más de dos años después de la Conferencia de Génova para que Londres “volviese a ser” oficialmente un “centro de oro”. La libra inconvertible pudo jugar, para un gran número de países, al terminar la guerra, su papel tradicional de moneda internacional. Este hecho tiende a probar que un gran número de poseedores de libras incluso fuera de la Commonwealth conferían más importancia a la libra y a los servicios de la City de Londres que al oro. Pero con el fin de frenar el poder de atracción del dólar, siempre convertible en oro, era necesario que la libra ofreciera la misma ventaja. Finalmente, para mostrar claramente que nada había cambiado respecto a antes de la guerra, el gobierno eligió la misma definición de oro que en 1817 (Winston Churchill era entonces canciller del Exchequer).

Hay un acontecimiento que parece haber jugado un papel decisivo, al mismo tiempo que confirma la competencia entre la libra y el dólar en esta época. El Federal Reserve Board (órgano de dirección del sistema bancario central de los Estados Unidos) dio a conocer su opinión sobre la reforma monetaria alemana a raíz de la publicación del Informe Dawes en 1924.
“El Informe Dawes prevé la fundación de un sistema de emisión alemán sobre la base del oro, pero mantiene la posibilidad de fundarlo sobre la libra, y no se podría negar que existen muchas probabilidades de que se siga esta segunda solución. Si, de esta manera, la moneda alemana se vincularía a la libra, Inglaterra, al volver a una base oro sin ninguna restricción, debería enfrentarse no sólo a sus propias necesidades sino además a las de Alemania. Es evidente, en consecuencia, que, si Alemania adopta un régimen de patrón de cambios esterlina, el mundo tendría que esperar un período prolongado de inestabilidad cuyo final sería imposible de prever. Por eI contrario, la adopción de la base oro (es decir, del dólar) aceleraría la vuelta a una estabilidad mundial”.
A la City de Londres no le sentó muy bien el comentario si se juzga por el artículo de la Westminster Bank Review de junio de 1924. A pesar de la depreciación que está sufriendo desde hace tiempo, la libra esterlina ha sabido mantenerse firme frente al dólar y Londres es un centro financiero internacional al menos tan importante como antes de la guerra… Pero con el Informe Dawes se abren nuevas perspectivas… Las posibilidades de vinculación entre el dólar y el marco oro, entre los recursos en créditos de los Estados Unidos, de una parte, y las empresas alemanas y el comercio mundial, de otra, constituyen una perspectiva difícil de considerar sin ansiedad mientras la libra está depreciada en los mercados de cambio del mundo. Para hablar claramente, digamos que la libra depreciada sería eliminada de las relaciones financieras internacionales por las dos grandes monedas oro, el dólar y el marco. Si queremos defendernos, la libra debe vincularse al oro se quiera o no.
