La especulación sin relación con la actividad económica, es decir, con el nivel de la producción y de los beneficios, lleva en sí misma su propia pérdida. La experiencia en este campo es constante. Pero entonces hay que preguntarse sobre las causas de esta especulación. ¿Por qué fue tan larga y tan “loca”? Ciertos autores estiman que la especulación de los años 1927-1929 fue el resultado de una inflación monetaria provocada por la política de dinero barato y por la facilidad de los créditos del sistema de la reserva federal.
La Federal Reserve, respondiendo favorablemente a esta solicitud, baja su tipo de descuento y, mediante operaciones de open market, compra un volumen considerable de títulos del Estado con el fin de hacer bajar el tipo de interés (el alza de las cotizaciones provocada por el aumento de la demanda hace bajar la tasa de rendimiento o tipo de interés real de los valores de renta fija). En 1927, durante el segundo semestre. Junto a las importantes operaciones de aceptación, fue la operación más considerable y la más audaz que el sistema de la Reserva Federal haya emprendido jamás y, en mi opinión, tuvo como consecuencia uno de los errores más costosos que haya cometido cualquier organización bancaria en los últimos setenta y cinco años”. Lord Robbins, que cita este párrafo y critica vivamente la política monetaria americana en el mismo sentido que A.C. Miller, concluye:“Esta política se vio coronada por el éxito. Se impidió la amenazante recesión. La situación de Londres mejoró. La producción y la Bolsa concluyeron un nuevo acuerdo con la vida. Pero todo indica que a partir de esta época la situación escapó a todo control.
En 1928, las autoridades americanas estaban absolutamente asustadas. Pero las fuerzas que habían desatado habían adquirido demasiado empuje para que pudiesen frenarlas. Fue en vano que se dieran avisos confidenciales; en vano se elevaron los tipos de descuento. La velocidad de circulación del dinero, las previsiones delirantes de los especuladores y de los fundadores de sociedades lo arrastraban todo. Los hombres más razonables de la nación esperaban con resignación el inevitable desastre”. Fueron, en último análisis, la meditada colaboración entre los dirigentes de los bancos centrales y la “reflexión” deliberada de las autoridades de la Reserva Federal las que engendraron la fase más nefasta de esta prodigiosa transformación. Ésta es la explicación monetarista de la crisis de octubre de 1929, explicación que J. K. Galbraith rechaza con ironía afirmando que no es más “que un homenaje rendido a una preferencia recurrente, en las cuestiones económicas, por un formidable sinsenti.do”. Galbraith es demasiado duro, y se impone una crítica más matizada. El error de lord Robbins no es el de subrayar las evidentes consecuencias inflacionistas de una política monetaria ágil, sino el de hacer de esta política la causa única del desastre. Del mismo modo que no existe una explicación monista de la depresión, tampoco existe una explicación monista del crac, aunque las causas de este último sean probablemente menos numerosas que las causas de la recesión económica ocurrida entre 1929 y 1932. Admitamos, pues, que la política monetaria haya facilitado o incluso cebadola especulación; pero no es seguro que en ausencia de otros factores esta especulación hubiese sido tan fuerte. Es bien sabido, después de Keynes, que no basta con ofrecer crédito en abundancia y barato para que existan automáticamente demandantes. Las demás causas (y la lista seguramente no es exhaustiva) del movimiento especulativo se deben a factores estructurales y a factores psicosociológicos.
La estructura bancaria americana extraordinariamente fragmentada ha sido, desde comienzos del siglo xix, un punto flaco de la economía americana. Tendremos ocasión de señalar en la parte de la historia monetaria que la organización del mercado monetario americano era muy favorable a la financiación de la especulación que podía alimentarse con préstamos a muy corto plazo. El tipo de interés dependía de la especulación en bolsa y por esta razón en un período de boom podía elevarse hasta el 12 y el 15% sin frenar la demanda. El alza de las cotizaciones y el alza de los tipos de interés podrían relacionarse en un mecanismo acumulativo y explosivo.
El desarrollo de los investment trusts y de las holdings companies ha hecho subir las cotizaciones. Por otra parte, se efectuaron a gran escala de acuerdo sobre este particular. El primero cita algunos grandes nombres sus declaraciones y sus maniobras el boom especulativo. Ya no por falta de los businessmen más conocidos echaron su autoridad en 10 balanza para fomentar la especulación al alza. Lord Robbins que no escribía con perspectiva del tiempo, es más discreto que Galbraith en cuanto a Ios nombres, pero más preciso en cuanto a los comportamientos de los grandes especuladores, metidas a costa de un público que se había convertido en el más fácil de engañar tan imponente estructura de las transacciones de la alta finanza contribuían a crear un esta.do de espíritu que no tenía en cuenta la posibilidad de timo o de error grave”. Hay que recurrir pues, en definitiva, a los factores psicosociológicos que caracterizan el comportamiento del público americano; teniendo acceso a las fuentes de crédito, alentado por la escenificación interesada de los grandes capitalistas.
