Los factores coyunturales eran particularmente desfavorables ya que el crac bolsista, cuya amplitud excepcional ya hemos descrito, era la causa primera de ahondamiento de la depresión. El hundimiento del castillo de naipes, en octubre de 1929, provoca las reacciones en cadena que desembocan todas ellas en la reducción del gasto nacional:
- Las quiebras bancarias conducen a otras quiebras y comprometen a la vez la capacidad de crédito y la confianza de los depositantes;
- Se favorece el atesoramiento de billetes y se paran los mecanismos de inversión;
- La baja de precios, y en particular el hundimiento de los precios agrícolas, reduce el poder de compra de los productores y vendedores mientras que los compradores prefieren estar a la expectativa;
- Un proceso acumulativo de reducción de la actividad se ve apoyado por las reacciones psicológicas de los consumidores y de los inversores potenciales. La inquietud y el pesimismo sustituyen a la euforia, y las declaraciones optimistas de los políticos y de los economistas de Harvard y de otras partes son incapaces de hacer cambiar las mentes. En un ambiente como éste, no es extraño que los gastos de inversión global se reduzcan hasta el 75% de su nivel de 1929;
- La reducción de los gastos de consumo, consecuencia del aumento del paro, incita a los productores y a los vendedores a no renovar sus existencias y a no modificar su equipo fijo.
En 1932, la inversión neta es negativa ya que la depreciación del capital sobrepasa la inversión bruta en 5.800 millones de dólares. Los empresarios no renuevan sus máquinas usadas. Pero estos factores coyunturales no son nuevos. Han aparecido con distintos grados de intensidad en las anteriores recesiones. Su amplitud es excepcional al estar acompañados por factores estructurales totalmente nuevos.
Los factores estructurales
Hemos insistido, desde el comienzo del capítulo, sobre la evolución de las estructuras de la economía mundial en la que el peso de la economía americana no ha dejado de crecer. Es este peso el que explica la “exportación” rápida de la depresión. El efecto de dominio y de dimensión de la economía americana se vio ampliado por el cese de las exportaciones de capitales que alimentaban las corrientes de los cambios. No fue solamente Alemania la que se vio duramente afectada, sino también todos los países de América Central y del Sur que había citado; estos países dejaron de comprar las mercancías americanas. El mecanismo del multiplicador negativo intervino también en las relaciones internacionales. Este movimiento acumulativo de freno entre los intercambios exteriores y las producciones nacionales se vio acentuado por las consecuencias de las transformaciones estructurales sobre la competencia internacional. Hemos señalado que el desarrollo industrial de los países occidentales había modificado la importancia relativa de los productos exportados. Ciertos sectores (productos químicos, bienes de equipo) vieron cómo crecían sus exportaciones, mientras que otros (textiles, carbón) vieron desaparecer sus salidas tradicionales al exterior. Junto al paro coyuntural apareció un paro estructural resultado de estas transformaciones.

Las medidas proteccionistas (aumento de los derechos arancelarios, restricciones cuantitativas) aceleraron la caída del comercio exterior. Si cada país intenta exportar sin querer importar no se puede llegar más que a la parálisis de los intercambios. Las políticas de beggar my neighbour (arruinar al vecino) fueron ampliamente adoptadas por un gran número de países. El hundimiento del sistema monetario internacional que veremos en el siguiente título tampoco fue favorable al comercio exterior. El abandono del gold exchange estándar representa una modificación de carácter estructural que afecta a las instituciones monetarias y a los medios de pago internacionales. Desde el momento en que la liquidez internacional y la capacidad de aumentarla se ve amenazada, la financiación de los intercambios se ve comprometida, y en consecuencia también la actividad económica nacional orientada hacia la exportación. La competencia entre Londres y Nueva York, de 1918 a 1930, tuvo consecuencias perniciosas para la estabilidad internacional. El fracaso de Gold Exchange Standard es a la vez el resultado de este conflicto, que refleja la evolución estructural, y de la crisis de 1929. Tras haber sido una consecuencia de la crisis de 1929 (no es hasta septiembre de 1931 cuando Gran Bretaña abandona el patrón oro), el hundimiento del sistema monetario internacional se convierte en una nueva causa de ahondamiento de la depresión. El período de entreguerras fue un período de transición entre el fin del capitalismo del siglo XIX y el capitalismo moderno nacido de la Segunda Guerra Mundial. La desaparición de las antiguas estructuras y la adaptación a las nuevas estructuras exigen un tiempo. Estas rigideces están ligadas a las transformaciones estructurales de los mercados. A medida que se acentúa la concentración económica y que se desarrolla el sindicalismo, el mercado de trabajo se aproxima al monopolio bilateral. La proliferación de los cárteles y las entidades profesionales crean situaciones cuasi monopolísticas. Los mecanismos reequilibradores juegan cada vez menos a la baja, pero siempre al alza. Los ajustes serán más largos y más difíciles.
