New Deal

Desde lo social, el New Deal fue beneficioso por ser humanitario. La ayuda a los parados, defendiendo el poder de compra, no puede sino contribuir al mantenimiento de la actividad económica. Los objetivos sociales y económicos son, pues, perfectamente compatibles en una depresión. Desde el mes de mayo de 1933, la Emergency Relief Act crea la Federal Emergency Relief Administration, dotada con 500 millones de dólares para la ayuda a los parados. La N. I. R. A. organizó posteriormente la Public Works Administration, que gastó, hasta su desaparición en 1942, 13.000 millones de dólares con el fin de crear puestos de trabajo en las obras públicas. En 1938, la P.W.A. consigue emplear a 3.800.000 parados, o sea, a un tercio de los parados de aquel año. La P.W.A. hizo lo contrario de la política hitleriana, que orientó los recursos hacia la construcción de bienes de destrucción. Las consecuencias sociales de esta deflación crearon las condiciones favorables al advenimiento del nacismo. Nunca una mala política económica habrá costado tan cara al mundo entero.

La política económica de Francia

Francia fue alcanzada de una manera relativamente débil por la crisis de 1929. No es hasta después de la devaluación de la libra cuando los precios franceses resultan relativamente demasiado altos. Devaluar o deflación, éstas son las dos alternativas. Fiel al patrón oro y a los tipos de cambio fijos, Francia elige la deflación y va a perder rápidamente las ventajas adquiridas en el momento de la devaluación de 1926. La experiencia deflacionista continuará hasta la llegada del Frente Popular en 1936. La ampliación del paro acompaña la baja de precios; los beneficios disminuyen; los costes de producción disminuyen menos rápidamente que los salarios; el descontento es general. Los agricultores son los principales afectados por la baja de precios. La depresión mundial, unida a la política deflacionista, pone en dificultades a algunas sociedades crediticias: Crédit Foncier du Brésil, Banque d’Alsace Lorraine, Banque Nationale du Crédit. Estallan algunos escándalos que muestran la colusión entre ciertos políticos y el mundo de los negocios. El asunto Stavisky es el más célebre: tras la quiebra del Crédit Municipal de Bayonne, su director, Stavisky, muere en condiciones misteriosas. La desconfianza hacia el régimen no deja de crecer; estamos a la víspera del 6 de febrero de 1934. Los crecientes riesgos de devaluación aceleran la huida de capitales, las exportaciones de capitales y las salidas de oro. La perspectiva de una victoria del Frente Popular en las elecciones de 1936 no es del tipo de las que tranquilizan al capital. En julio de 1935, Pierre Laval se convierte en presidente del Consejo y prosigue la política de deflación, salvo con respecto a la agricultura, que es el sector más afectado. El descontento de las ciudades no hace sino crecer y en enero de 1936 Laval es derribado.

A partir de abril de 1936, Léon Blum preside el gobierno del Frente Popular. Las dos primeras grandes decisiones afectan, por un lado, a los salarios y, por otra parte, a la moneda. Frente a las huelgas y a la ocupación de las fábricas por los obreros que quieren evitar el lock out, Léon Blum convoca en Matignon, los días 7 y 8 de junio de 1936, a los representantes obreros y patronales. De esta conferencia surgen una serie de acuerdos (acuerdos de Matignon) que serán ratificados los días 11 y 12 de junio por el Parlamento. El contenido de los acuerdos satisface las reivindicaciones: se suprime el 10% de abattement local sobre los sueldos de los funcionarios; se establecen 15 días de vacaciones pagadas al año; se reconocen delegados; se regulan la contratación y el despido; las condiciones de trabajo serán obligatoriamente establecidas por convenios colectivos acordados entre representantes patronales y obreros, bien a nivel de empresa o a nivel de una rama profesional. La reducción de la semana de trabajo y la puesta en práctica de una política de grandes obras tienden a reducir el paro. Desgraciadamente, se llegará muy pronto a una disminución de la producción al no poderse obtener rápidamente un aumento de la productividad. El aumento de los costes de producción se trasladará inmediatamente a los precios y el alza del coste de la vida superará rápidamente los aumentos de salarios. La agitación social continuará persistiendo. Esta alza de los precios acentúa la urgencia del problema del comercio exterior. Por la ley de 1 de octubre de 1936, el franco se desvincula del oro y se precisa que su nueva definición no será inferior a 43 mg ni superior a 49 mg. Al ser mantenida la libertad de los cambios, la ley crea un Fondo de Estabilización de los Cambios, dotado de 10.000 millones de francos en oro y en divisas, cuya función es la de compensar los movimientos espontáneos de las ofertas y de las demandas y mantener el curso del franco entre sus límites legales. Este franco “Auriol” se ha devaluado de un 25% a un 34% con respecto al franco “Poincaré”. Esta devaluación resulta muy pronto insuficiente y continúa la huida ante el franco. El 30 de junio de 1937 el gobierno Chautemps procede a la tercera devaluación del franco y en mayo de 1938 el gobierno de Paul Reynaud devalúa por cuarta vez. En 1937, cuando el pleno empleo está prácticamente logrado, la producción nacional alcanza sólo el 82% de su nivel de 1929. Varias razones explican este fenómeno: el estancamiento demográfico; el comienzo de una vuelta al campo de una parte de la población activa industrial; la semana de 40 horas. Esta última medida de carácter social no da los frutos esperados en el plano de los mecanismos globales. Los más perjudicados fueron los “rentistas” y los ancianos, mientras que los fabricantes trasladaron rápidamente a los precios el aumento de los costes de producción.

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