Competencia en los préstamos exteriores a corto plazo

La Federal Reserve Act, que fundó en 1913 el sistema bancario central de los Estados Unidos, concedió, por primera vez, a los bancos nacionales el derecho de realizar operaciones de aceptación. En 1917, el total de las aceptaciones en dólares, nacidas de la financiación del comercio internacional, se elevaba a unos 600 millones de dólares. En 1920 y 192 I el Congreso votó varios textos legislativos con el fin de fomentar estas operaciones internacionales de aceptación. Se crearon tres acceptance corporations. Con el fin de hacer frente a la competencia inglesa, que de nueve se había hecho muy viva a partir de 1920, los banqueros de Nueva York ofrecieron “unas condiciones más ventajosas e intentaron aumentar el volumen de sus operaciones con Alemania y Europa central a costa de relajar las reglas habituales de la prudencia bancaria. Los bancos y las sociedades de la City relajaron también sus exigencias habituales en las operaciones de préstamo con el fin de no perder terreno frente a Nueva York. Nos encontramos, pues, ante una situación de cuasi duopolio en el mercado financiero internacional. Nueva York imponía así su táctica actuando en cierta manera como un price leader. En estas condiciones aumentó la oferta de capitales a corto plazo, lo que podría explicar que se hincharon los préstamos concedidos a Alemania, a Austria y a ciertos países de Europa central. De este modo, los capitales extranjeros a corto plazo invertidos en Alemania pasaron de 4,1 millones de R.M. en diciembre de 1926 a un máximo de 11,7 millones de R.M. en diciembre de 1929.9 Señalemos por último que los bancos comerciales británicos se lanzaron por primera vez a las operaciones de aceptación a partir de 1919. Por ello las aceptase houses de la Cti y tuvieron que hacer frente a la vez a una competencia interior y exterior. Esta estructura de mercado completamente nueva con respecto a la situación de antes de la guerra no hizo sino aumentar la deuda a corto plazo de los polos monetarios, es decir aumentar la liquidez internacional en un momento en que su movilidad era muy grande. Esto llevó a un excesivo endeudamiento cuyas consecuencias tuvo que pagar Gran Bretaña en septiembre de 1931. Este endeudamiento no fue, pues, la consecuencia del Gold Exchange Standard como afirman los defensores del patrón oro “puro y simple”. Solamente una estrecha cooperación entre los centros de oro y la ratificación de un verdadero convenio internacional, como se preveía en las resoluciones de Génova, habrían podido eliminar los riesgos de inestabilidad, consecuencia de los movimientos especulativos de capitales.

Competencia en los préstamos exteriores a largo plazo

En el terreno de las operaciones de bolsa y de la inversión a largo plazo, la guerra significaba un duro golpe para Londres a la vez que favorecía a Nueva York. En los años veinte volvemos a encontrar el mismo tipo de competencia entre los dos polos monetarios en el mercado de capitales a corto plazo y en el mercado de capitales a largo plazo. Hasta antes de la guerra, el stock exchange de Londres hacía más transacciones con valores americanos que la Bolsa de Nueva York. Después de 1915, Nueva York era el único centro que ofrecía una completa libertad mientras que la Bolsa de Londres era estrechamente controlada. Por primera vez, prestatarios británicos tuvieron que dirigirse a Nueva York. A partir de 1921, levantadas todas las restricciones londinenses, se puso fin a la situación de excepción debida a la guerra. En 1914, la deuda exterior a largo plazo se elevaba a 3.700 millones de dólares mientras que en 1919 por el mismo concepto neto se señalaba un saldo acreedor de unos 3.000 millones de dólares. El gobierno americano intervino en el asunto adoptando el papel de consejero oficial de los bancos de Nueva York. El Ministerio de Asuntos Exteriores debía dar su opinión favorable o desfavorable sobre todas las peticiones extranjeras de préstamo. El dólar se convertía en un medio de acción de la diplomacia americana, pero hay que admitir que esta política no tuvo demasiado éxito: los capitales a largo plazo masivamente prestados a Alemania y a algunos otros países de Europa central no lo fueron con más discernimiento que los créditos de aceptación a corto plazo. En una obra dedicada a La diplomacia del dólar, un autor americano pudo escribir a este respecto:

Solamente las condiciones cuarta y quinta pudieron ser aplicadas sin demasiadas dificultades. De todos modos, en el caso de Francia cuyo gobierno se había negado a pagar ciertas deudas de guerra, se pudo salvar la prohibición gracias a los préstamos en dólares obtenidos a través de Zúrich, Ámsterdam y Canadá. Por último, la prohibición fue derogada en 1929.

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