Las vías de comunicación, las fábricas se hallan a menudo en mal estado de conservación, o sufren de obsolescencia a causa de los progresos técnicos realizados durante la guerra. Reconstruir no significa simplemente rehacer lo que ha sido destruido, volver a las antiguas estructuras, sino “apostar sobre nuevas estructuras” según la expresión de Francois Perroux. El primer plan francés de “reconstrucción y de equipo”, elaborado en 1946 por Jean Monnet, intentaba reconstruir, modernizando, los medios de producción de la economía francesa. Una empresa de este tipo moviliza los recursos durante numerosos años y en 1950 los efectos de la reconstrucción estaban lejos de su agotamiento. El progreso técnico ha sido considerable y ha favorecido los gastos de inversión. En la industria química y en la industria de la electrónica las ocasiones de invertir se han multiplicado. El aumento del número de productos sintéticos ha abierto el camino a la innovación en todos los terrenos, pero en particular en el de los bienes manufacturados y en la reconstrucción. La electrónica ha dado acceso a un campo todavía más vasto, en el que la automatización de los procesos de producción revoluciona las técnicas industriales. Y en la actualidad no hacemos más que entrever las perspectivas de producciones nuevas que resultan de la conquista del espacio.
El desarrollo de la energía atómica para fines pacíficos o militares es otro terreno en el que la innovación y la inversión públicas conducen a la innovación y a la inversión privadas. Hay que remitirse a los trabajos de Francois Perroux sobre las industrias “modernas” y las industrias “totalmente nuevas” para comprender la importancia de estas industrias en la actividad económica y la propagación del progreso. La industria productora de una energía totalmente nueva es una industria piloto en el sentido preciso de que antes de integrarse a la economía y así obtener la energía enteramente nueva, se elabora un programa de interés general. Un proyecto de interés general es por consiguiente nuevamente induce innovaciones como cliente, en la dirección de sus inputs (extracción de materiales fisionables, materias y aparatos nucleares) y como vendedora (isótopos radiactivos utilizados por la industria del petróleo y química). La dimensión de los flujos de estas compras y de estas ventas es menos decisiva que la elevación del nivel técnico de las industrias. Las innovaciones inducidas particulares y sus numerosos efectos de vinculación vienen acompañados por un estímulo al espíritu de innovación”. La nueva “revolución industrial”, que el mundo conoce desde el final de la segunda guerra mundial, crea unas ocasiones de inversión ilimitadas y los países que más invierten son los que, generalmente, se benefician del mayor crecimiento. De 1950 a 1960, Alemania occidental invirtió por término medio cada año el 24% de su producto nacional bruto. Sin embargo, el primer lugar pertenece a Noruega con el 26,4%, el segundo al Canadá con 24,8% y el tercero a Holanda con el 24,2%. Bélgica invirtió durante este período solamente el 16,5% de su producto nacional bruto y Gran Bretaña el 15,4%.

Es la cifra más elevada de los países occidentales industrializados. Parece pues como si los países con mayor crecimiento hubiesen invertido más que los de crecimiento menos rápido. De todos modos, solamente podemos aceptar esta conclusión como una primera aproximación. El aumento del producto es tanto más importante cuanto mayor sea la proporción de inversión productiva. Los gastos de consumo han estado y están todavía en aumento desde el final de la guerra. Una vez repuestas las existencias, los nuevos consumos duraderos se multiplicaron. Atrajeron fácilmente la atención de los consumidores en las sociedades capitalistas en las que la publicidad agresiva constituye una forma particular de acción psicológica. El automóvil, la radio y la televisión, los aparatos electrodomésticos ofrecen salidas ilimitadas al apetito de los compradores. Este apetito se ve todavía aumentado por los múltiples efectos de imitación que incitan a cada consumidor a estar, al menos, tan bien aprovisionado como su vecino. Las facilidades de crédito concedidas por los vendedores o por los bancos ayudan a satisfacer estas necesidades y contribuyen a aumentar los gastos de consumo. Las sociedades industriales son “sociedades opulentas” donde los deseos y las necesidades se anticipan constantemente a las capacidades de producción. El comportamiento de los consumidores queda por ello modificado y éstos ya no reaccionan normalmente a las variaciones de los precios. Anticipan fácilmente las alzas de precios lo que les incita a acelerar sus gastos. Francia es uno de los países en los que este tipo de comportamiento pudo favorecer el crecimiento, pero también la aparición y el desarrollo de las tensiones inflacionistas.
El aumento de la población es otra causa del crecimiento de la demanda global no sólo del lado del consumo, sino también del lado de la inversión. Hemos señalado al comienzo de esta obra la importancia de la presión demográfica en el desarrollo industrial. Una población que crece, introduce elementos dinámicos de rejuvenecimiento de las estructuras mentales y suscita considerables inversiones de infraestructura en el terreno de la vivienda y de la enseñanza. Instruir y educar generaciones de jóvenes cada vez más numerosas es una garantía contra el paro, contrariamos es consecuencia del progreso técnico, pero también se debe en parte mientas. Estas necesidades, es decir, esta demanda de inversiones públicas y privadas serían mucho menos importantes si la población total no aumentase. En las sociedades industriales sometidas a la presión demográfica, al avance rápido de la técnica, a la acción y a la previsión de los poderes públicos, es difícil no obtener unos resultados relativamente satisfactorios en términos de crecimiento y de desarrollo. Si tenemos en cuenta por último los gastos militares y la ayuda exterior por débil que sea a los países pobres, se consigue establecer una lista impresionante de los factores contemporáneos del crecimiento y del desarrollo. Y al terminar este apartado tenemos aún que señalar que esta lista no es exhaustiva.
